dilluns, 16 de setembre del 2019

Ocho años de la matanza de Utoya: la evolución del terrorismo neonazi

"Para diversos analistas, las acciones armadas de los grupos de extrema derecha plantean una amenaza ya superior para la seguridad de Europa y EEUU que la del terrorismo yihadista".




23 julio 2019 - LA MAREA

Ayer se cumplieron ocho años de la matanza de Utoya, la cacería de adolescentes perpetrada por el ultraderechista noruego Anders Breivik que se cobró la vida de 69 jóvenes en un campamento de verano del partido laborista noruego. El terrorista había asesinado horas antes a ocho personas en un atentado con explosivos en Oslo, y mientras las fuerzas de seguridad se centraban en este hecho, aprovechó para cometer la masacre en la isla, disfrazado de policía y fuertemente armado. El pasado viernes se estrenó el segundo filme sobre ello, Utoya 22 de julio, de Erik Poppe, que relata lo sucedido a través de los ojos de una de las supervivientes. Dos años atrás, Paul Greengrass lo retrató en otro a través de la mirada del asesino. 
Desde entonces, las acciones armadas de los grupos de extrema derecha se han incrementado notablemente, y plantean una amenaza considerada por diversos analistas ya superior para la seguridad de Europa y Estados Unidos mayor que la del terrorismo yihadista. 
Casos recientes de ataques terroristas ultraderechistas como el atentado de Christchurch (Nueva Zelanda), que acabó con la vida de 51 personas en una mezquita, en Pittsburgh (Estados Unidos) –11 muertos en un ataque a una sinagoga– o el de Charlestone (Estados Unidos) contra una iglesia afroamericana, que dejó 9 muertos, invitan al debate sobre la idea de terrorismo que existe en Occidente. La Liga Antidifamación (ADL) y el FBI coinciden en apuntar a la creciente amenaza del terrorismo ultraderechista en los Estados Unidos basándose en los datos: el 70% de las víctimas de ataques terroristas en EEUU han sido por los atentados de la extrema derecha. Y reconocen que han menospreciado esta amenaza durante años. 
«Cuando las medidas para prevenir y contrarrestar el extremismo violento y la radicalización que conducen al terrorismo se basan en perfiles vagos y se centran en los supuestos de que ciertos grupos étnicos o religiosos son particularmente propensos a la radicalización terrorista, se refuerzan los estereotipos y pueden conducir a la discriminación contra varios colectivos, pero bien puede no abordar la fuente más urgente de amenazas terroristas», explica a La Marea Katya Andrusz, portavoz de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). «Entonces, si las estrategias para prevenir el extremismo violento solo se centran en el terrorismo en nombre de la religión, por ejemplo, es posible que no aborden los riesgos reales a los que nos enfrentamos actualmente desde otras direcciones, como el extremismo violento de extrema derecha”, añade.
Hace una semana, la Policía italiana detuvo en Turín a tres activistas neonazis que poseían un arsenal de armas, incluido un misil del Ejército de Qatar. Fue la segunda operación policial contra grupos neonazis en pocos días en el norte de Italia, tras la incautación de otro arsenal al líder de Legio Subalpina, relacionado con ultras de la Juventus. 
Ambos casos recientes no son ninguna anécdota. Este mismo año, la Policía alemana desarticulaba Revolution Chemnitz, que ya tenía una lista de objetivos para abatir y que preparaba varios atentados, algunos de los cuales pretendían disfrazarlos como obra de la izquierda radical. Al mismo tiempo, el asesinato del político conservador Walter Lübcke, favorable a la acogida de personas refugiadas, volvía a poner sobre la mesa la amenaza del terrorismo neonazi en un país que todavía tiene muchas preguntas sobre el recién juzgado NSU, el grupo terrorista neonazi que asesinó a una decena de personas y que, a pesar de estar investigado por los servicios secretos durante 14 años, no se les tuvo en cuenta nunca en relación con estos ataques.
Una concentración de neonazis por las calles de Berlín.
Mientras la extrema derecha obtiene cada vez mejores resultados electorales en Europa y más allá y sus discursos de odio están cada vez más presentes en la vida política, en las redes sociales y en la mayoría de medios de comunicación, la proliferación de acciones violentas con el sello neofascista se ha incrementado. Muchos analistas llevan años advirtiendo sobre la creciente amenaza del terrorismo de extrema derecha en Occidente, aunque en pocas ocasiones son considerados ni como terroristas ni como una amenaza real. De hecho, a menudo se les atribuyen problemas de adaptación o enfermedades mentales, algo que no se esgrime cuando el terrorista es un yihadista. 
Uno de los argumentos habituales de la extrema derecha contra las personas migrantes y refugiadas es la sospecha de que entre este colectivo puede haber terroristas. La relación entre inmigración y terrorismo existe, pero no de la manera en la que la presenta la ultraderecha. El doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Columbia, Richard J. McAlexander, publicó el pasado mayo un estudio donde explicaba esta relación: a más inmigración, más terrorismo. Pero de ultraderecha: “De 2008 a 2015, según la Global Terrorism Database (base de datos mundial sobre terrorismo), hubo 86 ataques terroristas en Alemania. Al profundizar en cada uno de estos ataques, encuentro que 60 de ellos podrían describirse razonablemente como terrorismo de derecha. Es más probable que estos ataques estén presentes en áreas donde una mayor proporción de la población es nacida en el extranjero. Muchos de estos ataques fueron dirigidos contra inmigrantes o contra viviendas públicas dedicadas a solicitantes de asilo. El asesinato de Lübcke está en consonancia con este amplio patrón”.
El asesinato de la diputada laborista británica destacada por su defensa de las personas migrantes, Jo Cox, en 2016 a manos de un ultraderechista llevó a las autoridades a ilegalizar con la ley antiterrorista al neonazi National Action, que celebró el crimen en sus redes sociales. Un año antes, un miembro de este grupo atacó con un machete a un ciudadano de piel oscura y de religión sij en un supermercado, siendo condenado por intento de asesinato. Meses después, otro miembro sería arrestado por fabricar explosivos. Después de la ilegalización de National Action, las autoridades detectaron e ilegalizaron también otras dos organizaciones neonazis que seguían los mismos pasos: Scotish Dawn y NS131. Tanto en el Reino Unido como en Alemania, no hay ninguna duda a la hora de juzgar con la ley antiterrorista a estos grupos. 

El terrorismo neonazi en España desde la Transición

En España, sin embargo, pese a haberse detenido a diversos activistas de extrema derecha fuertemente armados o haberse desarticulado varios grupos que poseían armas, nunca se les ha aplicado la ley antiterrorista. Este mismo año, la Guardia Civil detuvo a un hombre de 44 años en la localidad valenciana de Alfarrasí por llamar en sus redes sociales a atacar a personas musulmanas y migrantes. Los agentes descubrieron en su casa más de 100 armas y abundante munición. Pocos meses antes, los Mossos d’Esquadra detenían en Terrassa a un ultraderechista de 63 años tras descubrir que pretendía asesinar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Este “lobo solitario” poseía un fusil de asalto Cetmecuatro rifles de alta precisión, un subfusil de asalto tipo Skorpion, y otras 16 armas de fuego. La fiscalía de la Audiencia Nacional rechazó reclamar ambas investigaciones y tratar estos casos como terrorismo. 
No era la primera vez que en España se arrestaba a uno o varios militantes ultraderechistas con armas. Ni tampoco la única que se libra de la etiqueta de terrorista. El caso más sonado fue la Operación Panzer, dirigida por la Guardia Civil en 2005, que permitió desarticular el Frente Antisistema (FAS) en València, y que se saldó con la detención de más de una veintena de activistas neonazis, entre los que se encontraban tres militares, un concejal de España2000, un aspirante a Guardia Civil y el asesino confeso de Guillem Agulló, un joven antifascista de 18 años asesinado en 1993. Tras meses de escuchas y monitorización de sus actividades y páginas web, la Guardia Civil detectó que el grupo se dedicaba a la venta de armas y a organizar cacerías contra migrantes y antifascistas, según publicaron en su nota de prensa. Las detenciones se precipitaron tras percatarse de que había filtraciones por parte de agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que alertaron a los neonazis de que estaban siendo vigilados, y por el temor a que perpetraran alguna acción violenta. 
El juicio tardó diez años en celebrarse, y empezó ya con mal pie. La Guardia Civil había destruido “por error” parte del arsenal incautado, que era prueba en el proceso. Finalmente, la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia decidió absolver a los neonazis al considerar que las escuchas telefónicas no estaban suficientemente motivadas, a pesar de haber sido avaladas por la jueza instructora del caso, declarando «la nulidad de todos los elementos de prueba derivados directa o indirectamente de ellas, viciadas de inconstitucionalidad». Desestimó también las pruebas que demostraban la venta de armas prohibidas en Internet: «Son muchas las páginas webs que venden armas prohibidas, que en Internet se ofrezcan puños americanos, porras, porras eléctricas, navajas automáticas, navajas de mariposa, espray de defensa personal y grilletes, es algo sabido. No se puede afirmar la existencia de delito en lo que es práctica o realidad absoluta en la red». El mismo juez ya había absuelto a los supuestos miembros de otra banda neonazi en Valencia en 2005, la Hermandad Nacional Socialista Armagedón, acusados del incendio de varias sedes de partidos políticos. 
La absolución fue ratificada por el Tribunal Supremo tras el recurso de la Fiscalía y de la acusación popular, formada por organizaciones y partidos de izquierdas, a las que se les impuso la condena en costas, que sumaba más de 40.000€. Además, el Estado tuvo que indemnizar a uno de los neonazis por haber destruido sus armas.
En 2015, la Audiencia Nacional condenaría a los miembros del grupo fascista Falange Y Tradición a entre un año y medio y dos años de prisión por destruir varios símbolos antifranquistas y amenazar de muerte a varios cargos públicos, pero los absolvió de asociación ilícita y de terrorismo, a pesar de los numerosos indicios de las intenciones de armarse, reflejados en la investigación. Entre los acusados había un militar. El ponente de la sentencia fue el actual ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska. El principal acusado, José Ignacio Irusta, sería detenido de nuevo en 2018 por varios delitos de odio en las redes y por tenencia ilícita de armas, encontrándose en posesión de varios fusiles y una pistola. 
Los grupos de extrema derecha no han cometido ningún gran atentado recientemente en España que haya sacudido la opinión pública. Sí que han asesinado a diversas personas por su ideología, por su color de piel, por su confesión religiosa o por su orientación sexual, como se registra y documenta en la web crimenesdeodio.info, y sí que han realizado atentados con explosivos en numerosas ocasiones, pero nunca se ha hablado de terrorismo neonazi o ultraderechista desde la Transición. La amenaza, no obstante, existe, más allá de agresiones a colectivos de migrantes, LGTBI o a militantes antifascistas.

dijous, 27 de juny del 2019

Presentació del II Informe Sense Tòpics sobre el tractament mediàtic de les migracions i l'asil durant les campanyes electorals de 2019






El passat 13 de juny vam presentar elsegon informe de l'Observatori Sense Tòpics, un projecte de la Comissió d'Ajuda al Refugiat (CEAR-PV) i la Unió de Periodistes Valencians sobre el tractament mediàtic de les migracions i l'asil. Aquesta segon informe analitza la informació durant les darreres campanyes electorals, especialment als mitjans de comunicació valencians, però amb una mirada ampla als mitjans d'àmbit estatal. 

Podeu descarregar-lo ACÍ


Medios de comunicación y elecciones: El reto de no convertirse en un altavoz del discurso xenófobo

Laura Julián, Eldiario.es 14/06/2019



Los medios de comunicación pueden convertirse (incluso sin saberlo) en altavoces del discurso xenófobo y racista más evidente. “El miedo que teníamos era que algunos partidos políticos utilizaran mensajes xenófobos para atraer al votante”, explica el coordinador de CEAR-País Valencià, Jaume Durà. Con la intención de hacer frente a ese relato, el observatorio de medios de comunicación Sense Tòpics ha analizado durante el periodo electoral reciente cómo la prensa encaja la irrupción de la extrema derecha y cuál ha sido el tratamiento informativo de la migración y el asilo.
El informe ‘Migració i asil a les campanyes electorals’ (disponible online) incide en cómo a partir de la entrada de Vox en el Parlamento Andaluz se puso el foco mediático sobre sus líderes y sus propuestas “condicionando en gran medida los discursos y los debates del resto de partidos”. Es por ello que el estudio analiza noticias de diferentes medios estatales y valencianos desde diciembre de 2018, además de durante las cuatro citas electorales (municipales, autonómicas, generales y europeas).


Noa de la Torre, presidenta de la Unió de Periodistes Valencians, ha destacado durante la presentación del informe que han sido “unas campañas particulares” en las que “se ha normalizado el discurso xenófobo”. La periodista diferencia entre aquellos medios que sirven de “altavoz”  reproduciendo declaraciones de los partidos políticos y los que han sabido “ser críticos”, desmontando bulos y contextualizando: “En el tema del tratamiento de la violencia de género, si un político dice un número de denuncias falsas ponemos el foco en decir que es incorrecta”.
El análisis, elaborado por el periodista valenciano especializado en extrema derecha, Miquel Ramos, puede servir como documento de ayuda o de guía para estudiantes de periodismo,  profesionales de la comunicación preocupados por el auge de la xenofobia, así como para aquellos lectores que quieran conocer cómo los medios “traducen” los mensajes políticos. También contiene ejemplos de buenas prácticas y recomendaciones.
“Ha existido una sobrexposición de la extrema derecha, desde Andalucía el foco mediático es espectacular y han conseguido estar de forma intensa incluso cuando han atacado a la prensa”, explica Miquel Ramos. También apuntan que no ha existido “una gran avalancha” de fake news en redes sociales debido a “un contraataque”, tanto de los propios medios de comunicación como de grupos que desmienten bulos en Internet.
Entre las principales conclusiones de la investigación figuran que se continúa vinculando la migración y el asilo con la delincuencia y la inseguridad ciudadana, se trata la migración en términos utilitaristas, se da voz a declaraciones xenófobas de políticos, además de notarse una ausencia de opinión de las personas migrantes y la carencia de temáticas alejadas de polémicas. “Curiosamente han sido más protagonistas las personas migrantes que apoyan a la extrema derecha, cuando son una mínima parte, que los que se posicionan con los derechos humanos”, apunta Miquel Ramos.
Destacan también que “las noticias donde más se ha detectado la estigmatización y criminalización de las personas migrantes han sido principalmente las referidas a los Menores No Acompañados (MENAs), los manteros y la población musulmana”, ya que continúan asociándose con sucesos y hechos delictivos provocando el crecimiento de la aporofobia y de la islamofobia.
El informe añade que el discurso sobre migraciones y asilo “no ha tenido un papel determinante en las campañas”, pero “sí ha tenido una presencia permanente transversal y de diferente intensidad”. Según señala Ramos, en las campañas europeas partidos como C’s, PP y Vox le dan “más importancia y radicalizan más el discurso”.

Vox y PP no recogen las propuestas de CEAR

CEAR-PV también ha presentado un segundo informe, elaborado por Marta Pérez Ramírez, en el que se han comparado las propuestas en materia de migraciones y asilo de los programas electorales de los partidos. Técnicos de CEAR-PV se reunieron antes de las elecciones con algunos partidos políticos para comunicar cuáles son las necesidades más inmediatas. Ahora han analizado si esas propuestas finalmente han sido incorporadas en los programas electorales (autonómicos, generales y europeas).
La técnica de CEAR-PV ha señalado en primer lugar la dificultad para acceder a todos los programas: “Algunos sólo están publicados en medios de comunicación”. Entre las conclusiones destaca que en los programas electorales partidos de extrema derecha incluso incluyen “medidas que son contrarias a la legislación”. Añade que ni PP ni Vox han incluido ninguna recomendación de CEAR en sus programas para las elecciones europeas.
De la investigación se desprende la división de dos enfoques: uno centrado en el utilitarismo y otro en consonancia con los derechos humanos. Y una tercera “posición ambigua” donde sitúan al PSOE. “Mientras Josep Borrell describe a la inmigración como ‘ese gran problema’, en el programa electoral se habla de ‘reto’”, señala como ejemplo Marta Pérez.
Los dos informes disponibles en la web Sense Tòpics son la continuación del proyecto ‘Alça la veu contra el racisme i la xenofobia” llevado a cabo por CEAR-PV y la Unió de Periodistes Valencians, un vínculo que ya suma tres proyectos para sensibilizar a profesionales del mundo de la comunicación sobre la responsabilidad social del periodismo.

"Sense ficció" estrena "Amenaça totalitària", on s'analitza l'entrada de l'extrema dreta a les institucions.


L'extrema dreta entra a les institucions i marca l'agenda política. El masclisme, la xenofòbia, el populisme, el patriarcat o l'autoritarisme són presents en idearis de partits que no es consideren ultradretans.



Jordi Borràs
Es debaten temes que ja es creia que estaven superats, com ara la violència de gènere, l'ús d'armes de foc o la pena de mort. És l'agenda de l'extrema dreta que impregna partits i mitjans de comunicació.
L'extrema dreta és present en pràcticament totes les institucions europees i del món occidental. On ja governen, retallen llibertats, assumeixen poders que no els pertoquen i ataquen l'estat de dret.
El documental del "Sense ficció" "Amenaça totalitària" entra en el món de l'extrema dreta d'Espanya, Itàlia i Suècia, i analitza les causes del seu creixement: una globalització mal portada que ha anul·lat l'ascensor social i ha fet més grans les diferències de classe, uns partits polítics que no han sabut interpretar les necessitats dels més desfavorits i una extrema dreta demagògica que aprofita aquest buit, eleva a la categoria de problema la immigració i imposa una única identitat nacional, de la qual s'erigeix en salvadora.
"Amenaça totalitària" viatja a Andalusia, on va emergir primer l'extrema dreta en unes eleccions, i visita ciutats com El Ejido, a Almeria, on, tot i tenir l'índex d'atur més baix d'Andalusia, el fantasma de la immigració que pren els llocs de treball i provoca delinqüència és el lema polític que ha fet guanyadora l'extrema dreta.
El documental radiografia els militants, simpatitzants i quadres de Vox a Catalunya, formats per una amalgama d'exmilitants del PP i de forces d'extrema dreta de tota mena; des d'exnazis fins a feixistes i ultradretans. Assistim a mítings i reunions de Vox i entrevistem alguns dels seus intel·lectuals, com Fernando Sánchez Dragó, autor del llibre programàtic i patriòtic sobre Vox, i el seu líder, Santiago Abascal.
L'extrema dreta està instal·lada ja al poder en diversos països d'Europa, com ara Hongria, Polònia o Itàlia. Al país transalpí, "Amenaça totalitària" entrevista alts dirigents de La Lliga, com el president del seu grup parlamentari, Ricardo Molinari.
La Lliga i el seu líder, Matteo Salvini, tenen vocació de liderar el moviment de l'extrema dreta europeu, i s'acosta, sense vergonya, a grups feixistes com CasaPound, que, com ha pogut documentar "Sense ficció", celebren el 100 aniversari del naixement del "fascio" amb fileres de militants uniformats que atemoreixen els ciutadans i els periodistes que gosen criticar-los, com Paolo Berizzi, amenaçat de mort i amb escorta les 24 hores del dia.
El mateix que passa a Suècia, l'únic país d'Europa on els partits polítics de centreesquerra han format un cordó sanitari per impedir l'accés de l'extrema dreta, representada per Demòcrates de Suècia, a les altes institucions de l'Estat. "Amenaça totalitària" és testimoni dels efectes d'atacs xenòfobs a musulmans i de la violència que pregonen alguns grups, descaradament nacionalsocialistes, a Suècia, els quals haurien participat en l'assassinat d'Olof Palme, encara per resoldre.
Aquests partits pretenen assolir la tercera part dels escons del Parlament Europeu per destruir les institucions des de dins. Les desavinences per culpa de diferents sensibilitats nacionals poden impedir que uneixin forces per aconseguir-ho.
Fitxa tècnica
Un documental d'Albert Elfa i Ricard Belis
Producció: Ruth Llòria
Imatge: Marc Durà
Muntatge: Marc Escòlies







“La cultura es uno de los frentes desde los que combatir la involución que plantea el fascismo”

Entrevista de Toni Mejías para Público

Miquel Ramos. FOTO: David Segarra

Miquel Ramos. FOTO: David Segarra


La música es, muchas veces, una montaña rusa. Muchos grupos podemos subir y después bajar. Ser portada de revistas especializadas o pasar a convertirnos en un pequeño recuadro de una página con poco interés. El público es el que determina tu importancia. El que paga una entrada por verte y el que te reclama en festivales. También al que dejas de interesar y te condena al ostracismo. Otras veces, aunque una banda funcione y siga llenando todos los lugares que visita, decide poner punto y final a un proyecto por agotamiento personal, por plantearse nuevos horizontes y retos o por otros motivos.
A veces es el oyente el que te anima a dejarlo y otras veces es tu cabeza, tus sensaciones o tus inquietudes. Puedes retirarte como Zidane en la final de un mundial o ir dando bandazos por países lejanos para ganar dinero pese a no disfrutar de la pasión de tu vida. En la música también sucede.
Pero ¿qué queda tras la música? Pasas de ser el reclamo para miles de personas a volver a la realidad del día a día. Psicológicamente es un cambio muy grande que muchas veces cuesta afrontar y que no te planteas cuando formas un grupo. Nadie te prepara para ello. Por eso, tal vez como una especie de auto terapia, he decidido afrontar estas preguntas con Miquel Ramos, quien fuera vocalista y teclista en la mítica banda valenciana Obrint Pas.
Sin duda fue uno de los grupos más importantes de la escena de Països Catalans y abrió muchas puertas a bandas que vinieron después. Lograron mezclar la música popular valenciana con otros géneros más actuales y normalizaron el uso del valenciano para cantar. Llenaron plazas, festivales y salas por toda Catalunya, País Valencià y Balears. También lograron romper la barrera del idioma y girar por todo el estado español y por el extranjero, llegando hasta actuar en Japón. Vivían un buen momento, seguían siendo un reclamo y un grupo por el cual pagar una entrada, pero decidieron que tenía que terminar un ciclo. ¿Qué vida viene después de que baje el telón? Eso queremos averiguar.
Además, Miquel Ramos ha dedicado muchos años a analizar y estudiar el ascenso de la extrema derecha en Europa. También la cultura es un campo de batalla donde combatir el fascismo y vivimos un momento en el que tenemos que determinar en qué lado estamos. En la calle, en las instituciones y, también, en la cultura. Porque en el contexto actual, se deben conquistar los derechos y libertades desde todos los frentes existentes.
Este mayo se han cumplido 5 años desde que Obrint Pas se despidió en el Teatro Principal de València. ¿Qué has estado haciendo durante todo este tiempo?

Hice un máster de sociología y antropología en la Universitat de València y dediqué mi trabajo de investigación a analizar a la extrema derecha española durante la crisis económica, desde 2008 hasta 2015. Desde hace tiempo ya trabajaba en otros proyectos relacionados con la investigación de las nuevas extremas derechas en Europa y de los delitos de odio. Durante esos años hice el proyecto de crimenesdeodio.info junto a David Bou, un compañero de La Directa. Aparte, seguí escribiendo en varios medios en los que ya colaboraba desde hace tiempo.
Estuvisteis más de 20 años como banda, fuisteis sin duda una de las referencias de la música del País Valencià, encadenasteis giras, viajasteis por todo el Estado español y por el extranjero y, al menos sobre un escenario no dabais signos de agotamiento. Tampoco la falta de público o de reclamo parecía una causa para terminar con el proyecto de vuestras vidas. ¿Qué os motivó a dejarlo?

Simplemente fue el final de una etapa que habíamos vivido desde adolescentes hasta ya entrada la treintena, al menos el núcleo que formábamos parte de Obrint Pas desde los inicios. Fue una decisión consensuada. Todos teníamos nuestras inquietudes que habíamos desarrollado paralelamente al grupo y, simplemente, quisimos hacer un parón para replantearnos nuestras vidas, nuestras carreras, tanto musicales como personales, y creímos que, antes de empezar a cansarnos, era el momento de parar.


Obrint Pas.
Obrint Pas.

A mí me sucedió cuando hicimos el parón de Los Chikos del Maíz, al principio no eres consciente de los cambios que suponen estas decisiones, ¿en qué momento te diste cuenta de que todo había acabado?

Sinceramente, fue bastante largo el proceso de darte cuenta de que dejabas atrás una época de tu vida importantísima. Una época en la que te habías formado como persona y con la que habías descubierto muchas cosas viajando por el mundo, conociendo a mucha gente y entendiendo otras realidades diferentes. Oportunidades que nos dio la música al poder viajar tanto y hablar con personas de muchos otros lugares. La suerte que hemos tenido con el grupo es que allá donde hemos ido nos hemos encontrado con gente que, de alguna manera, tenía unas inquietudes semejantes a las nuestras, pero en contextos muy diferentes.

Todo eso te aporta una amplitud de miras y una experiencia que luego te sirve como persona para entender mejor el mundo, para entender mejor que tu circunstancia es casual y única por ser quién eres, pero que, en realidad, en todo el mundo te das cuenta de que los problemas y las inquietudes son compartidas entre las personas “sencillas”. Toda esa experiencia que adquieres, ya no como músico sino como persona, durante más de 20 años lejos de casa, hace que te cueste un poco situarte en tu ciudad, en tu hogar, con todos los fines de semana libres, en el mismo lugar…a mí, personalmente, me costó bastante adaptarme a mi propio entorno.
Es cierto que no nos preparan para el éxito y eso hace que mucha gente lo gestione muchas veces mal. Pero también es cierto que, cuando adquieres cierto reconocimiento con tu trabajo y logras vivir de la música, puedes no estar preparado psicológica o profesionalmente para cuando todo acabe. Muchas veces vives más preocupado por el futuro que disfrutando el presente. ¿Cómo gestionaste los cambios que trajo dejar la banda? ¿Te preparaste con antelación?

Creí que estaba preparado, pero, como te he dicho antes, me costó aterrizar porque desde los 17 que empecé con el grupo hasta los treinta y pico tuve un ritmo de vida que no paraba en casa y vivía alejado de mi realidad cotidiana. El cambio cuesta mucho. Por suerte, todos los miembros del grupo habíamos desarrollado nuestras inquietudes al margen del grupo. Eso nos ofreció la oportunidad de que, al acabar el grupo, no nos quedáramos en casa viendo la televisión y comiendo pipas, sino que todos pudimos afianzar esas inquietudes que nunca habíamos abandonado por la música. Sí que habíamos priorizado, lógicamente, el grupo, con el cuál teníamos un compromiso, pero una vez terminado el proyecto, lo que habías cosechado durante todos esos años paralelamente estaba ahí. Todos pudimos hacer nuestro camino en base a todo lo cultivado.
¿Qué es lo que más echas en falta del mundo de la música?

Cada concierto y cada viaje era una experiencia. Entonces, quieras o no, por mucho que ahora te montes tus escapadas de fines de semana, nunca serán lo mismo que viajar con tu grupo de amigos. Subirte a la furgoneta o al avión, pasarte varios días juntos y, encima, con gente nueva o, muchas veces, con personas que ya habías conocido y que te alegrabas de volver a ver. Los viajes también te permitían conocer nuevos sitios. Siempre que íbamos de gira internacional nos guardábamos unos días para conocer mejor el país y las realidades donde íbamos y eso se echa de menos.
También, lógicamente, ahora estoy más desconectado del mundo de la música en cuanto a la actualidad. Al que le gusta la música nunca se despega de ella. Sigo siendo un melómano, sigo yendo a conciertos y sigo disfrutando la música en mi casa y en los festivales o conciertos a los que puedo ir, pero no es lo mismo que estar todos los fines de semana en el circuito. Cambias el punto de vista y la manera de vivir la música, pero nunca va a dejar de ser parte de mi vida y, creo, que de la vida de ninguno de nosotros.
Tras dejar la banda, ¿Has notado mucha falsedad en este mundillo o personas que, tras el parón, han podido dejarte de lado?

Estoy bastante contento de conservar los amigos y los contactos que hice y con los que establecí un buen vínculo. Hay gente que pasa por tu vida de una manera fugaz y no significa que sea menos importante. Son gente que pasa durante una época, como puede ser también durante la época del instituto o la época del equipo del deporte que practiques o del grupo de amigos del barrio. Hay personas que conoces y con las que te sigues viendo. Las conoces durante las giras y continúan estando ahí. Cuando tenemos ocasión de coincidir, seguimos en contacto y me alegro de las personas que con las que establecí un vínculo mayor o menor durante este tiempo.


Obrint Pas en el Teatre Principal de València. FOTO: Artur Gavaldà
Obrint Pas en el Teatre Principal de València. FOTO: Artur Gavaldà

Seguirem es una banda tributo de Obrint Pas, ¿qué opinas sobre este tipo de grupos?

Sinceramente, y siendo breve, creo que cada cual es libre de hacer lo que le dé la gana.
¿Tienes planes de volver a los escenarios o ya consideras que es una etapa terminada?

Quien ha estado encima de un escenario durante un tiempo, en el momento en el que para, siempre va a tener el gusanillo y siempre te van a quedar las ganas de volver a subir. Yo no lo descarto. He colaborado con algún proyecto. El último fue en una canción de Hakuna Tanaka, una rapera de Elche que hizo una versión de Sexu Makina de Negu Gorriak y donde colaboré junto con otros músicos de Disidencia, de Ki Sap y de otras bandas. Pero de momento nada serio en perspectiva. No lo descarto porque la música va a seguir formando parte de mi vida.

Como decías al principio, ahora trabajas como periodista y has centrado tus estudios en los delitos de odio y en el ascenso de la extrema derecha. Desgraciadamente, parece que son dos hechos que están de plena actualidad. ¿Qué posición se debe tomar desde la cultura ante el avance del fascismo en la sociedad actual?La cultura es una herramienta fundamental para la configuración de cualquier sociedad, para bien y para mal. La cultura puede ser un arma contra el fascismo o puede ser un aliado de éste. Depende de cómo se utilice y de los valores que esta trasmita. El fascismo también ha tenido sus propias expresiones culturales a través de las cuales ha tratado de influir en la política, en los valores y en la concepción de la sociedad. Pensar que la cultura no tiene incidencia política es absurdo. Creo que la cultura es, y debería ser todavía más ahora, uno de los frentes desde los que combatir la involución que plantea el fascismo.
Actualmente, la extrema derecha está planteando una guerra cultural, no sólo una guerra política. Y esta guerra cultural significa poner en duda todos los valores y consensos que creíamos que estaban conquistados y asumidos, como son los derechos humanos. La igualdad, la libertad, la tolerancia, el respeto… todo esto se está poniendo en cuestión por parte de aquellos que esgrimen la famosa frase de “lo políticamente incorrecto”, como si se revelaran contra el sistema cuando lo que están haciendo es tratar de destruir los valores en los cuales se cimientan los derechos humanos y la propia democracia. Esta guerra cultural que plantea la extrema derecha no es más que una revuelta de los privilegiados. El hombre blanco, heterosexual, occidental y cristiano que se ve amenazado por esas minorías y esos grupos estigmatizados y perseguidos históricamente que están consiguiendo más derechos.
La batalla cultural que está planteando la extrema derecha es precisamente revelarse contra esa hegemonía de los derechos humanos, que ellos llaman corrección política. Por ello es muy importante la batalla de las ideas, la batalla del lenguaje y la batalla de la cultura en esta guerra porque muchas veces la cultura también sirve de aliada para poner en cuestión los valores que he mencionado. Además, pervirtiendo el lenguaje y tratando de victimizarse contra aquellos que critican es como logran hacer este ataque directo contra los derechos humanos y las libertades.
Nos llaman “ofendiditos” porque criticamos los chistes contra los niños muertos en el Mediterráneo o contra las mujeres asesinadas. Incluso se hacen llamar rebeldes e irreverentes por hacer chistes contra colectivos vulnerables. Hay que recordarles que el irreverente es el que hace chistes contra el poder. El rebelde es quien se mete contra el poder, no contra un colectivo machacado. Esto es parte de la batalla cultural. Por ejemplo, Hannah Arend hablando del Holocausto y del nazismo percibió antes el odio antisemita en las élites intelectuales y culturales que en las clases populares. Por lo tanto, estas élites muchas veces son las trasmisoras de esa ideología del odio y esta guerra cultural contra los colectivos más vulnerables y estigmatizados.
Con mirar a nuestro alrededor ves que en cualquier parque hay adolescentes con música a todas horas, lo que deja claro que es un aspecto vital para ellos y ellas y demuestra que es un elemento cultural, educativo e integrador. Pero mucha música inculca valores machistas, individualistas y capitalistas, ¿Crees que existe alguna manera de controlar o redirigir la música que consumen los jóvenes?

Primero, creo que es muy difícil hacerse un hueco en el panorama artístico ajeno a las grandes multinacionales que controlan no sólo las empresas del mundo de la música, sino también las redes sociales y los medios de comunicación. Segundo, a pesar de que internet ofrece la posibilidad de hacerlo tú mismo y llegar al público al margen de los planes de las grandes corporaciones del negocio, lógicamente tienen una dificultad añadida, no se cuentan con los medios y con los recursos que sí que tienen esas empresas.
Más que un cambio de hábitos sería necesario lograr crear una conciencia crítica a la hora de interpretar determinados mensajes. Esto también forma parte de todo lo que estábamos hablando. De qué valores se refuerzan, no sólo a nivel cultural, sino también en la educación. Tanto en los colegios, en los institutos y universidades como en el núcleo familiar. Si todo está enfocado a la competitividad, a ser una fuerza de trabajo productiva sin capacidad crítica, a reforzar determinados valores que afiancen una manera de entender el mundo que no implique cuestionar derechos, libertades o la dignidad de las personas, es difícil combatir contra estas imposiciones.
Se puede, hay herramientas y hay muchos ejemplos. Que un grupo como Los Chikos del Maíz sea tan conocido y triunfe, al igual que otros grupos con un discurso similar, demuestra que existe una cultura “alternativa”, una cultura de la resistencia y crítica que está al margen de todo este discurso, aunque sea difícil escapar de él. Pero queda demostrado que existen canales y vías que permiten a las personas buscar otro tipo de elementos culturales más allá del mainstream.
Diríamos que para cambiar la cultura habría que cambiar el sistema por completo, ¿no?

En parte sí, pero también se ha demostrado que no es estrictamente necesario. Mira el ejemplo del País Valencià, gobernado más de 20 años por el PP con varias mayorías absolutas y, sin embargo, se ha creado una cultura de la resistencia, una cultura popular y una serie de grupos de música, de colectivos de barrio, de asociaciones u otro tipo de colectivos, ya no a la sombra del poder, sino enfrentados a éste. Y han sobrevivido y continúan siendo grandes. Y siguen siendo muy buenos embajadores de este país y algo de lo que estamos orgullosos y orgullosas. Se puede cambiar la cultura, pero, lógicamente, no se compite con las mismas herramientas.

dissabte, 29 de desembre del 2018

Miquel Ramos: “Vox està aconseguint desplaçar el centre polític cap a la dreta”

Seguir el fil de la ultradreta a l’Estat Espanyol durant les últimes dècades no és una tasca fàcil. Miquel Ramos (València, 1979), periodista, activista i músic del grup Obrint Pas, es va especialitzar en investigar els moviments de l’extrema dreta quan encara no estaven als titulars del mass media. És coautor del projecte crimenesdeodio.info i col·labora amb diferents mitjans estatals i internacionals. Quedem amb ell per parlar sobre Vox i el seu recent èxit, de l’extrema dreta —que sempre ha estat present al País Valencià— i les seues diferents identitats. Hui, al nostre Mirall, descobrim l’articulació de la ultradreta valenciana.

Què és Vox i què és Vox València?
Vox és un projecte polític que porta 4 anys en marxa i que no és estrictament valencià. És un projecte a nivell estatal que comença a tindre una projecció mediàtica i pública l’últim any, gràcies d’una banda als mitjans de comunicació. A València ho porta José María Llanos i tota la publicitat que ha tingut el partit ha fet que molta gent de la dreta s’acoste.
És Vox la mateixa ultradreta que campa des de fa dècades pel País Valencià?
No és el mateix Vox que España 2000, té punts en comú però també té moltes diferències. No tota l’extrema dreta és igual, de la mateixa manera que tota l’esquerra no és igual. Vox és un partit neoliberal i ultraconservador amb tics de l’integrisme catòlic, del revisionisme de la memòria històrica… Vox no és una extrema dreta neofeixista, és un recanvi de l’ala dura del PP: ultraconservadora, homòfoba, masclista, xenòfoba… Pensem que ve de les FAES: la vinculació amb Aznar i el PP és evident.
Quin efecte ha tingut Vox en la ultradreta que sempre ha existit al País Valencià?
La ultradreta fins ara estava captada majoritàriament pel PP, després dels continus fracassos d’altres opcions polítiques de marcat caràcter regionalista i anticatalanista com Coalición Valenciana. La gent que simpatitzava amb estes idees estava òrfena, perquè són productes molt residuals, i s’hi ha acostat. Alguns d’estos partits han vist en Vox una competència i altres una oportunitat per canalitzar els seus projectes.
Pel que fa a l’extrema dreta convencional, era España 2000 qui fins ara tenia la patent de reunir l’extrema dreta espanyolista, a imatge i semblança de l’extrema dreta europea i estatal. España 2000 va arribar a aconseguir 4 regidors al País Valencià, però en va perdre 3 les últimes eleccions i ara només li’n queda un a Silla.  Veu en Vox un perill per al seu projecte, perquè s’està  emportant molt del seu potencial militant i  votant. A més, probablement la imatge de Vox convenç més. Esta competència s’està traduint en un atac d’Espanya 2000 cap a Vox, tant a les xarxes socials, com en pintades que s’han fet a Castelló que assenyalen a Vox com una còpia del PP.
Es tracta d’una competència molt gran per a un projecte que porta 15 anys tractant de fer-se un lloc a la política del País Valencià. Tot i això, l’organització continua molt activa sobretot des de fa un any. Està dedicant-se a fer campanyes i actes molt provocadors com els boicots a Dani Mateo i a Mongòlia o l’assetjament a Mònica Oltra. Fan este tipus d’activitats que són molt visibles i provoquen una reacció i això els fa publicitat. Estan jugant a la carta de la provocació. En eixa competència Vox no els segueix el joc, però España 2000 està molt preocupada pel que pot significar la presència de Vox i com li pot arrabassar l’hegemonia en l’àmbit de l’extrema dreta.
I en el blaverisme?
Dins del blaverisme, Juan Garcia Sentandreu (històric dels Grups d’Acció Valencianista i agitador anticatalanista) ha intentat fer la seua pròpia carrera a Vox, però al marge de l’organisme. S’ha creat una situació esperpèntica perquè donava a entendre que era el cap de Vox València però simplement s’havia afiliat i havia portat amb ell alguns dels seus seguidors, sense que el partit li haguera promès cap càrrec. Vox està recollint gent del sector blaver anticatalanista, de la dreta radical i de la gent descontenta del PP i de Ciudadanos. És un fenomen nou, amb una manera molt peculiar de comunicar i això ha fragmentat la dreta.
Quina conseqüència pot tenir la fragmentació de l’extrema dreta?
L’aparició de Vox és la conseqüència de la fragmentació de l’extrema dreta. Si haguera existit un partit fort d’extrema dreta hauria aconseguit traure rèdit polític, perquè electorat hi ha. La gent d’extrema dreta no confiava en els partits que hi havia fins ara com España 2000 o Democracia Nacional i votava al PP en massa, el 90% segons el CIS (Centre d’Investigacions Sociològiques). Quan el PP explota, hi ha una part de l’electorat que se’n va a Ciudadanos i una altra a Vox. Per què no hi hagut una candidatura forta des de fa 10 o 15 anys?  Perquè hi ha una rivalitat històrica entre els líders i perquè l’extrema dreta no ha sabut reconvertir-se d’una manera moderna i s’ha ancorat en el passat.
Es diu que l’esquerra no governa perquè està molt fragmentada. Que passarà amb la fragmentació de la dreta?
La dreta està fragmentada ara igual com ho ha estat sempre l’esquerra. Jo crec que hi  ha cert equilibri entre els votants de dreta i esquerra, inclús crec que l’esquerra és més nombrosa. El problema que hi ha a l’esquerra és la desconfiança i l’abstenció. Molta gent que s’absté és potencial votant d’esquerres. El votant d’esquerres és molt més exigent: prefereix no votar a ningú abans que a algú que li pot defraudar. Pense que la clau està en les abstencions, l’única manera de combatre ara mateix l’extrema dreta és votant.
Quin paper pot tindre Vox a les pròximes eleccions?
A València ciutat, partint que el Govern del Botànic està pendent d’un regidor, posa la situació política contra les cordes si és capaç de capgirar-la. Ara bé, eixos vots no li vindran de Compromís, sinó per part de la dreta. S’ha de veure com serà l’equilibri de forces.
El perill de Vox més enllà que aconseguisca un parell de regidors, tant ací com a la resta de l’Estat Espanyol, és que està aconseguint radicalitzar a la resta de partits que entren en el seu marc. Estan assumint que els discursos xenòfobs i incendiaris són acceptables en un Estat de Dret i una societat democràtica com la nostra. Quan Pablo Casado fa determinades declaracions contra la immigració o l’ultranacionalisme espanyol, els líders polítics o inclús el Partit Socialista es plantegen determinades mesures per a Catalunya. Vox està desplaçant el centre polític cap a la dreta i aquest és un dels perills més grans que tenim de l’extrema dreta globalment.
Què ha passat perquè l’extrema dreta s’haja llevat la careta?
Han trobat molta publicitat, se n’han adonat que els seus arguments provoquen reacció en la gent progressista i també en la que no ho és però que no combrega en les seues idees. Això els estimula. La política de la provocació que està portant a terme Vox, tant en el llenguatge que utilitzen com en la seua imatge, ja s’ha provat a altres llocs. Jo crec que Vox busca que apareguen imatges de 500 encaputxats intentant boicotejar-los un míting. Jo no dic què s’ha de fer, només dic que a vegades s’ha de veure qui posa l’escenari i a mi em fa l’efecte que moltes vegades és Vox qui el posa i tots juguem al seu joc.
S’ha de pensar molt bé perquè no es guanyarà a Vox fent manifestacions al carrer, cal tota una artilleria de mesures polítiques, socials i de reflexions dels professionals de la informació i de la societat en general per tal de veure com és possible que idees que van en contra dels drets humans siguen acceptables en democràcia. En democràcia caben totes les idees però, evidentment, si acceptem o blanquegem que és democràticament acceptable tenir un discurs masclista, homòfob, racista, xenòfob i islamòfob estem perdent ja no només una batalla política, sinó una batalla cultural. I això tindrà uns costos en el futur.
Pense que és una mostra de la decadència d’un sistema polític i cultural occidental que no ha sabut donar resposta a molts problemes. Vull dir, mentre que hi ha un govern suposadament d’esquerres continua havent desnonaments, precarietat laboral, problemes d’habitatge, de serveis públics, etc. Amb esta situació no es convenç a la societat amb bones intencions i bones idees, se la convenç amb fets. La memòria històrica està molt bé però si no pots pagar el lloguer, no trobes feina i tens una vida de merda t’és igual. Si tens a un poble molest perquè les seues necessitats bàsiques, la seua qualitat de vida o inclús la seua dignitat com a persones no es veuen compensades, organitzacions amb un discurs molt pamfletari, sensible, visceral i que apel·la als sentiments poden endur-se part d’eixe descontent. Al final, és el que ha passat a la resta d’Europa.
Durant l’últim mes s’ha dit que part de la responsabilitat de la irrupció de Vox al Parlament d’Andalusia és dels mitjans de comunicació. Quin paper tenen els periodistes davant d’esta situació?
Els periodistes i els mitjans de comunicació no són aliens, tenen rutines, prejudicis i una sèrie de paràmetres en què funcionen. No podem fugir de la seua responsabilitat en la configuració d’una realitat que, al cap i a la fi, és la que la gent interpreta. Per exemple, si l’estiu passat després de l’arribada de l’Aquarius, els telediaris s’omplen de notícies de l’arribada de migrants, dels manters de Barcelona o  de la immigració a Europa, això es converteix al CIS en una de les primeres preocupacions que té la societat. No és casual: és perquè la gent ha estat dos mesos bombardejada per ràdio i tele escoltant a periodistes i líders polítics dient que hi ha un allau d’immigrants. Fa que la gent cree una imatge de la realitat que no és certa.  De fet, enguany és l’any que menys migrants han arribat per costa a Espanya i, irònicament, quan més ha preocupat.
Si combines estes rutines i pràctiques de la premsa amb determinats discursos o li dones veu a gent que els té, acaba provocant una opinió publica totalment condicionada per les circumstàncies. Els periodistes han de ser molt conscients de la responsabilitat que tenen. N’hi ha iniciatives que tracten de donar eixes eines perquè es comunique d’una manera responsable. Per exemple, l’Observatori Sense Tòpics analitza a sensetopics.org com els mitjans han tractat el tema este estiu.
D’altra banda, en la majoria de mitjans de comunicació l’espectacle forma part del joc, i els discursos de Vox fan espectacle.  Si un míting de Vox dona joc perquè fora hi ha 500 persones intentant boicotejar-lo o si hi ha un titular d’un líder dient barbaritats, encara que ho prenguem a broma, al final és el que volen. Volen que parlen d’ells encara que siga malament. Tenen el discurs comunicatiu molt estudiat.
Del que estem pecant els periodistes en molts casos és que no coneixem l’extrema dreta. La majoria de periodistes no li han pres atenció fins ara. Quan parlaven de l’extrema dreta es referien a Le Pen o Trump. Ara que la tenim ací el periodista se n’adona que no té ni idea què ha passat a Espanya amb la ultradreta els últims anys: qui eren, abans de Vox què hi havia, etc. Llavors, els anàlisis acaben sent molt simples.
A més, hi ha la innocència de pensar que la gent d’ultradreta és idiota, quan és gent molt preparada, molt intel·ligent i que mesura i calcula molt bé tot allò que fa, sobretot a nivell mediàtic i comunicatiu. Alguns dels exemples són Steve Bannon, un dels estrategs de Trump o altres personatges que estan a l’òrbita de Vox com Vidal-Quadras. Pense que haver tingut eixa imatge de l’extrema dreta com alguna cosa garrula, casposa i ignorant que no llig ens ha perjudicat molt, perquè realment lligen, viatgen, estudien i allò que fan ho fan molt bé: d’una altra manera no haurien tret 12 diputats. Per tant, hem d’estar alerta perquè no estem davant de 4 skinheads que s’emborratxen els caps de setmana per veure el futbol, estem parlant d’un projecte polític que ha vingut per a quedar-se.




Fascismo y responsabilidad compartida

La irrupción de Vox en el Parlamento andaluz ha sacudido como nunca el escenario político de todo el Estado, pero hace ya tiempo que el neofascismo se estaba colando por la puerta de atrás. Analizamos sus causas y consecuencias. ¿Qué se puede hacer?


Miquel Ramos @Miquel_R 

El Salto - 05-12-2018

Hace un par de semanas, coincidiendo con el 43 aniversario de la muerte de Franco, organizaciones de extrema derecha se concentraron en varias ciudades del Estado para protestar contra el anuncio del Gobierno español de exhumar el cadáver del dictador y retirarlo del Valle de los Caídos. Estas exhibiciones de nostalgia hacia el anterior régimen han llenado páginas de periódicos y horas en las televisiones, incluso con apariciones en directo de personajes que ensalzaban al dictador y su cruzada. Todos los medios han hablado del franquismo que persiste en España como un residuo caduco y casposo, como los restos del fascismo condenado a desaparecer y que se resiste a adaptarse a los tiempos que corren. No había nada que temer ante los cuatro nostálgicos que todavía sueñan con la vuelta de sus banderas victoriosas. 
Mientras, y tal y como se ha demostrado tras las elecciones andaluzas, hace tiempo ya que el neofascismo se estaba colando por la puerta de atrás. Desde el mitin de Vox en Vistalegre, que congregó a cerca de 10.000 personas, los medios de comunicación han seguido con especial atención cada acto de este partido, entonces sin ninguna representación en las instituciones. Simultáneamente, los chistes y las parodias sobre Vox han llenado las redes sociales, como si todo fuese una anécdota, un sainete protagonizado por un puñado de ultras que nunca llegarían a nada con sus discursos incendiarios. 
Parece que hasta entonces la extrema derecha española estaba escondida en su caverna. Sin embargo, hace tiempo que está presente y se exhibe sin complejos, visitando platós de televisión, protagonizando actos violentos o promoviendo el boicot a obras de teatro, debates o actividades de los “enemigos de España”. En València, lamentablemente, nada de esto es nuevo, y cuando oímos eso de “el despertar del fascismo”, nos pinchan y no sangramos. Y aunque aquí son una minoría irrelevante a nivel electoral hasta ahora, pero muy ruidosa, impune y bien relacionada con el poder, los 12 diputados de VOX en Andalucía advierten que, por fin, la extrema derecha oculta ha encontrado la salida del túnel. 
Según el CIS, entre el 80% y el 90% de las personas que se consideraban de extrema derecha votaban al PP
La irrupción de Vox en el Parlamento andaluz ha sacudido como nunca el escenario político de todo el Estado. Mientras las derechas observan como el discurso más radical funciona (a los originales más que a los que los emulan) y no hacen ascos a pactar con ellos, las izquierdas se preguntan qué han hecho mal. Y los medios, tras haber paseado por sus platós y redacciones a estos sujetos decenas de veces, siguen con el espectáculo hablando de sus audiencias durante la noche electoral y lamentándose porque han sido vetados por los mismos a los que han dado pábulo durante meses. 
La extrema derecha española no acaba de llegar. Siempre ha estado aquí, acomodada en su mayor parte en el PP. Según datos del CIS, entre el 80% y el 90% de las personas que se consideraban de extrema derecha votaban al PP desde su fundación a finales de los años ‘80. El modelo catch all, que representaba hasta hoy el partido fundado por el exministro franquista Manuel Fraga, ha sido capaz durante 30 años de juntar bajo unas mismas siglas a la derecha cristiana, a la más moderada y a la extrema derecha. Pero el mérito no es solo suyo, sino compartido con otras opciones ultraderechistas incapaces de convencer, de unirse en una sola candidatura e inmersas en eternas batallas por el liderazgo. Vox no dice nada que otros partidos no hayan dicho antes. Le preceden España 2000, Democracia Nacional, Plataforma per Catalunya, Soluciona, y así hasta llegar al GIL o al partido de Mario Conde, cada uno de estos con sus particularidades y sus diferencias, obviamente. Derechas más o menos extremas con discursos aparentemente anti-establishment, trufados de xenofobia e islamofobia, defensores del neoliberalismo, del revisionismo histórico y con un marcado ultranacionalismo. Ahora, hasta el PP y Cs se han atrevido a cruzar esa línea que les permite autodefinirse como “políticamente incorrectos”, como si fuesen los nuevos punks. 
El voto de Vox no responde a un solo factor. Han sido varios los astros que se han conjuntado para alumbrar este éxito inesperado pero imposible sin el papel que han jugado otros partidos, redes sociales y medios de comunicación. El triunfo de las diferentes extremas derechas en el resto de Europa, en Estados Unidos o en Brasil han supuesto una normalización de estas opciones. Si el resto del mundo lo hace, ¿porqué nosotros no? Media humanidad no puede ser imbécil si elige a líderes como Bolsonaro, Trump, Le Pen o Salvini. España no puede ser menos. Aunque cada caso es particular e incluso existen diferencias entre todos estos, hay varios puntos en común, y sobre todo, estrategias, que los han catapultado al estrellato. 
Una de estas estrategias ha sido el hábil uso de las redes sociales que han hecho estos políticos, sus estrategas y sus seguidores. En el caso de Vox, las miles de piezas desinformativas de carácter xenófobo, irreverentes y sensacionalistas, han alimentado los prejuicios de un sector de la población que, aunque en parte ya estuviera contaminado con estas ideas, ha acabado todavía más convencido. Solo hay que darse un paseo por la web Caso Aislado, afín a Vox, para hacerse una idea de cómo se construye una realidad a medida que acaba colonizando las redes sociales sin ningún freno. Más aún cuando, hoy, gran parte de la población ni siquiera lee la prensa convencional y tan solo se informa a través de las redes sociales, donde abundan noticias de este tipo, que son reenviadas en masa vía Whatsapp, Facebook o Twitter. Y Caso Aislado no es precisamente lo que su nombre indica: existen decenas de webs con apariencia de medio de comunicación que son también laboratorios de la extrema derecha desde donde se disparan todo tipo de contenidos, a menudo incluso falsos, para reforzar todo tipo de prejuicios. Luego, un ejército de fieles tan solo debe compartirlos entre sus contactos, multiplicando así su difusión hasta llegar a ser incluso más leídos que los medios convencionales. 
Alrededor del conflicto en Catalunya se ha afianzado un relato oficial por parte de la mayoría de los medios de comunicación y de políticos, que ha resultado especialmente cómodo para la extrema derecha. Ante un supuesto golpe de estado, un adoctrinamiento feroz, un asedio constante y casi un apocalipsis propiciado por el independentismo, todo está justificado. La prensa ha escondido la presencia de todo tipo de organizaciones de ultraderecha en las manifestaciones españolistas y en los comandos que retiran lazos amarillos y propaganda independentista. Pocas veces se ha explicado qué organizaciones participan de las multitudinarias marchas organizadas por Societat Civil Catalana (SCC), secundadas por PP, PSOE, Cs y hasta miembros históricos de Izquierda Unida como Francisco Frutos. Aunque las manifestaciones no pueden catalogarse como de extrema derecha, toda la ultraderecha española está presente en todas ellas. Como lo estuvo en la gestación de la misma SCC en 2014, tal y como lo demostró el fotoperiodista Jordi Borràs en su libro Desmuntant Societat Civil Catalana (Saldonar, 2015). Borràs nos recordó esta semana, en un articulo en Fotlipou, que el mismo Abascal estuvo en el acto fundacional de SCC en el Teatre Victòria de Barcelona en 2014, con foto incluida. 
El cacareado “¡A por ellos!” dedicado a policías y guardias civiles para impedir el referéndum en Catalunya se ha convertido en un lema habitual de la extrema derecha
Lo que se conoce como “blanqueamiento del fascismo” lleva ya años pasando en varios medios de comunicación. Desde reportajes sobre dónde veranean los neonazis de Hogar Social Madrid, hasta entrevistas a conocidos fascistas que denuncian haber sido atacados “por llevar una bandera de España”. En Grecia, el líder del partido neonazi, Ilias Kasidiaris, protagonizó numerosos reportajes en revistas del corazón. En Italia, Salvini posó semidesnudo y sonriente en la portada de la revista Oggi. Y Marine Le Pen, por su parte, se merendó a Ana Pastor en su entrevista en El Objetivo. Demasiadas veces el periodismo no conoce a la extrema derecha, la encuentra divertida, irreverente, ridícula o simple, y acaba justamente picando el anzuelo. No son aficionados ni ignorantes, saben muy bien lo que hacen y cómo hacerlo. Y aunque en algunos casos se haya tratado de instrumentalizar para un “bien superior” o para reforzar un relato, la ultraderecha tiene vida propia, y la mayoría de veces no devuelve los favores. 
Lejos de ‘despertar al fascismo’, el conflicto en Cataluña ha servido para que la ultraderecha se sienta cómoda con el relato oficial y se exhiba sin complejos. El cacareado “¡A por ellos!” dedicado a policías y guardias civiles que partían hacia Cataluña para impedir el referéndum en 2017 se ha convertido en un lema habitual de la extrema derecha en todos sus actos. Y no solo contra los independentistas. Los discursos de la nueva ultraderecha, desde Vox hasta los más veteranos, siempre disparan contra los mismos: separatistas, feministas, personas migrantes, musulmanes, izquierdistas y casta política, estos últimos cómplices de todos los demás. 
La izquierda, por su parte, hace años que navega por aguas turbulentas. Mientras los barrios se llenan de casas de apuestas, los centros sociales cada vez son menos, las asociaciones de vecinos desaparecen poco a poco, y en su lugar, algunas veces, aparecen brotes de ira vecinal contra mezquitas, centros para personas migrantes o centros de menores. Casualmente, tras la mayoría de estos casos se destapa la presencia o incidencia de personajes u organizaciones de extrema derecha, que si ven la posibilidad de atizar el odio, la aprovechan. En numerosas ocasiones han sido otros vecinos quienes han puesto el freno a estas campañas de odio. También grupos antifascistas que saben perfectamente cuando la mano negra está pegando fuego al asunto. Pero en general no existe un movimiento con la fortaleza suficiente para hacer cambiar el marco que ya han instaurado los profesionales del odio. Por mucho que se hable con los vecinos, a las pocas horas estarán de nuevo en su casa consumiendo noticias que advierten de la temible avalancha de migrantes que acecha su pan y su casa. Y lo peor de todo es que no tienen porqué entrar a los portales de desinformación. Ese mismo relato lo reproducen demasiado a menudo los medios de comunicación convencionales o los políticos de turno que hoy se sorprenden de la llegada de Vox. 
No existe un movimiento con la fortaleza suficiente para hacer cambiar el marco que ya han instaurado los profesionales del odio
En este sentido, también hay voces desde la izquierda que han responsabilizado a varios colectivos de haber fragmentado la lucha de clases en pequeñas luchas identitarias que solo han beneficiado a la extrema derecha y han desmovilizado a la izquierda. No parece que sea lo más idóneo empezar a navajazos en las redes sociales entre los que son odiados por igual por los fascistas, pero este debate lleva ya tiempo hirviendo en las redes sociales y era de esperar que hoy se busquen culpables. Reclamar derechos y autonomía desde estas luchas no tiene porqué estar reñido con la lucha de clases, ni tampoco criticar ciertas actitudes de determinados colectivos que a veces se muestran impermeables debería ser motivo de tan triste espectáculo. Todo es cuestión de sentarse y hablar, y todos estos colectivos están condenados a entenderse si quieren de verdad vencer a la ultraderecha. Porque cada uno será lo que será, pero en Auschwitz todos llevaban un traje a rayas.