dilluns, 21 d’octubre del 2019

Generación identitaria: rearme ideológico para una nueva extrema derecha

Intelectuales franceses reformulan las viejas ideas racistas que abanderan los nuevos grupos de extrema derecha, también en España. Varias infiltraciones revelan la conexión de estos grupos con el terrorismo neonazi.


LA MAREA 
Miquel Ramos 10 octubre 2019 

Este artículo está incluido en #LaMarea72, donde publicamos un especial sobre supremacismo blanco y los grupos identitarios, que incluye una amplia infografía. Puedes comprarla en nuestra tienda online. Y puedes suscribirte a La Marea desde 40 euros al año
Decenas de jóvenes realizan ejercicios físicos en un paraje natural cerca de la ciudad de Orleans, en el Valle del Loira francés. Sentados sobre la hierba toman notas y escuchan a diversos oradores. Es agosto de 2012 y hay varias patrullas de gendarmes franceses vigilando la zona. Se trata de la décima edición del Campo Identitario, unas jornadas organizadas por el movimiento de extrema derecha francés Bloque Identitario. Los organizadores tienen preparada una sorpresa, un vídeo que deja boquiabiertos a los presentes. Diversos rostros de hombres y mujeres que no pasan de los 25 años interpelan a la cámara con voz firme y rostro desafiante: “Esto no es un simple manifiesto; es una declaración de guerra. Nosotros somos el mañana, vosotros sois el ayer. Somos la generación identitaria”.
Dos meses después, el 20 de octubre de 2012, 70 jóvenes asaltaron la mezquita de Poitiers, ocupando la azotea y desplegando una pancarta con la leyenda “732 Generation Identitaire”. «Hemos elegido Poitiers para este acto reivindicativo porque fue aquí donde Carlos Martel rechazó, en el año 732, al ejército invasor musulmán de Abderramán», explicó uno de los organizadores de la acción a la televisión francesa BMFTV. Se presentaba así públicamente Generación Identitaria (GI), el nuevo movimiento de extrema derecha francés que hoy está presente en más de una veintena de países. Regentan gimnasios, bares y bibliotecas, y han realizado numerosas acciones publicitarias con un gran impacto mediático: desde ataques a migrantes en Calais hasta una cadena humana contra las personas refugiadas en los Alpes o una campaña de micromecenazgo que consiguió decenas de miles de euros en pocos días para fletar un barco que surcó el Mediterráneo acosando a los barcos de rescate y a los migrantes que trataban de llegar a Europa. Su marca, Defend Europe, ha sido adoptada por la mayoría de grupos ultraderechistas europeos, al igual que su símbolo, la letra lambda griega.
Ocupación de la mezquita francesa de Poitiers en 2012 por parte del movimiento identitario francés.

La munición ideológica

La organización antifascista inglesa Hope Not Hate (HNH) publicó a finales de agosto de este año un extenso informe en el que se destripan las entrañas de los movimientos identitarios. La publicación coincidía con la noticia que habían filtrado a los medios sobre la presencia de dos miembros de Generation Identity (UK) en la Marina Real inglesa. Uno de ellos, a punto de servir en un submarino nuclear. Además, este grupo había estado relacionado con miembros del grupo neonazi ilegalizado National Action, considerado terrorista en Reino Unido.
No era la primera vez que GI sufría una infiltración. Un reportero de Al Jazeera estuvo seis meses infiltrado en la sección del grupo en la ciudad francesa de Lille, grabando con cámara oculta los encuentros con los militantes de GI, que reconocían en privado las cacerías de jóvenes árabes y sus deseos de cometer atentados contra musulmanes. El reportaje Generation Hate, emitido en diciembre de 2018, denunciaba también vínculos entre los miembros de GI y el Frente Nacional de Marine Le Pen. “Los identitarios no hemos estado involucrados en la política electoral por una razón muy simple: en Francia ya tenemos al Frente Nacional, y sus ideas ya reflejan nuestra posición”, confesaba Aurélie Vershasell, líder de GI en Lille, al periodista de Al Jazeera infiltrado. Verhassell trabajaba como asesor del Frente Nacional, y explicaba también cómo el partido encargó a GI la seguridad de los mítines de Marine Le Pen en Burdeos. Varios miembros del partido fueron grabados en los locales de GI en Lille con la cámara oculta confesando tener armas y estar dispuestos a emprender la guerra racial una vez el Frente Nacional alcanzase el poder.
El informe de HNH, más allá de describir quiénes son y cómo se organizan los identitarios, lanza una seria alerta sobre la escalada violenta de los grupos afines y sus conexiones con la violencia y el terrorismo de extrema derecha. No es una simple especulación, sino que demuestran con datos las vinculaciones de los terroristas supremacistas de estos últimos años con todo el imaginario creado por los identitarios.
Antes de la publicación del informe de HNH, varios medios de comunicación destaparon que el terrorista ultraderechista Brenton Tarrant, que asesinó a 51 personas en las mezquitas de Al Noor i Linwood de Christchurch (Nueva Zelanda), había financiado a las ramas francesas y austríacas de Generación Identitaria. Además, Tarrant habría mantenido contacto con el líder austríaco, Martin Sellner, un neonazi de 30 años que ya fue detenido en 2006 por pegar adhesivos con esvásticas en una sinagoga en la ciudad de Baden. Sellner fue entonces condenado a 100 horas de servicio comunitario en el cementerio judío de la ciudad.
El manifiesto de Tarrant donde justificaba su atentado estaba inspirado en las ideas del movimiento identitario y en la teoría del Gran Reemplazo, acuñada por el escritor francés Renaud Camus en 2011 donde sugiere que existe un plan para subyugar al hombre blanco en Occidente a través de la inmigración y el Islam. Estas ideas también se han encontrado en los archivos y las redes sociales de otros terroristas ultraderechistas autores de sendas masacres en EEUU este mismo año: el del centro comercial de El Paso y el de la sinagoga de Poway.
La Teoría del Gran Reemplazo no es la única conspiración a la que hacen referencia los movimientos de extrema derecha. Desde el habitual y centenario complot de Los Protocolos de los Sabios de Sión esgrimido por nazis y antisemitas, hasta en Plan Kalergi, una versión actualizada de la conspiración judía para acabar con la raza blanca mezclándola con asiáticos y africanos a través de la migración. Esta teoría fue promovida por el negacionista del Holocausto y filonazi austríaco Gerd Honsik en 2005, sacando de contexto frases y escritos del filósofo y político austríaco Richard Nikolaus Graf von Coudenhove-Kalergi.

Los orígenes

La batalla cultural de la extrema derecha lleva años librándose. Podríamos situar su origen hace justo 50 años en Francia, al calor del Mayo del 68, y en los círculos intelectuales de lo que fue el GRECE (Grupo de Investigación y Estudios para la Civilización Europea). El filósofo Alain de Benoist planteaba entonces que se debía superar el esquema de derecha e izquierda, y acuñar una nueva idea identitaria alejada del racismo supremacista y de las ideas liberales y materialistas. Una nueva idea que confrontara la globalización (hoy llamada “globalismo”) y la “hipermodernidad” para conservar la identidad respetando al resto de culturas, acuñando así el término “etnopluralismo”, que vendría a decir que todas las culturas son importantes, pero “cada una en su sitio”.
Este movimiento, que terminaría conociéndose como Nueva Derecha (Nouvelle Droite), leyó y entendió perfectamente al pensador marxista sardo Antonio Gramsci y su batalla por la hegemonía. Esta batalla cultural de la nueva extrema derecha vino a ser un combate metapolítico por la hegemonía, considerada hasta hoy en manos de la izquierda por su defensa retórica de los derechos humanos, la interculturalidad y lo que la ultraderecha viene llamando “buenismo” o aquello “políticamente correcto”.
Se trataría, en resumen, de difundir determinadas ideas y valores para promover el cambio de la cultura de una sociedad antes de cambiar su política. La metapolítica identitaria se enfoca en cambiar los temas, términos y posiciones aceptados de la discusión pública para crear un ambiente social y político más abierto y potencialmente receptivo de su ideología. Lo que en algunas ocasiones se ha tildado de normalización de las ideas de extrema derecha, o la “lepenización de los espíritus” de la que hablaba el politólogo Pascal Perrineau, algo que, viendo los resultados de las sucesivas elecciones en Europa y más allá, ya está sucediendo.
El periodista francés Edwy Plenel, cofundador de Mediapart, ya advertía en un extenso articulo publicado en 2015 sobre el peligro de esta aura intelectual que envuelve la ideología identitaria: “No estamos aquí en presencia de una opinión que haya que discutir o refutar, sino de una ideología criminal cuyos mecanismos son los mismos que, mediante la construcción ilusoria de una cuestión judía, han arrastrado en el pasado a Europa a un abismo del crimen contra la humanidad”. Plenel alerta sobre la normalización de las ideas del Gran Reemplazo y de la Reemigración, una de las propuestas que reivindican los identitarios y que es apoyada por Renaud Camús y otros intelectuales franceses. La reemigración consistiría en deportar a los millones de franceses de origen árabe o asiático, o simplemente de piel morena, a los países a los que, según los ultraderechistas, pertenecen, hayan estado allí alguna vez o hayan nacido ya en Francia. “Esto es otra forma de limpieza étnica”, asegura el periodista Mathias Destal entrevistado en el documental de Al Jazeera.
Como Benoist, otros intelectuales han servido para rearmar el ideario de estos nuevos actores políticos mimados y emulados por todas las extremas derechas: desde Julius Evola, que hablaba de “mantenerse en pie en un mundo en ruinas” (lema de los neonazis madrileños de Hogar Social), hasta Alain Finkielkraut. Este pensador francés critica el antirracismo y a la izquierda en general por ser “masoquista moralizante” y por su supuesta complacencia con el Islam, al que considera, igual que los identitarios, el verdadero enemigo de Europa. Así lo retrató ya a modo de ficción otro escritor francés, Michel Houellebecq, en su novela distópica La Sumisión sobre la supuesta toma del poder de Francia por parte del islamismo gracias a la izquierda. Ambos autores son a la vez reivindicados tanto por la extrema derecha islamófoba como por cierta izquierda obsesionada con el Islam, que a menudo difunde (queremos pensar que sin saberlo), los tópicos y la propaganda de la extrema derecha. Eso sí, bien escudada tras una supuesta lucha por los derechos humanos.
También el ruso Alexandr Dugin con su Cuarta Teoría Política, acuñada en 2009, es uno de los referentes de esta nueva ola identitaria. En una entrevista de Clara Ramas y Jorge Tamames en el blog Política Exterior, Dugin abogaba por adoptar las teorías económicas de la izquierda y los valores tradicionales de la derecha, algo que, según el intelectual ruso, el liberalismo entiende al revés, adoptando los valores de la izquierda y la economía de mercado. La influencia de estas ideas, sobre todo las de Dugin, no han caído en saco roto ni tampoco únicamente en el lado derecho. La aparición en escena del filósofo italiano Diego Fusaro, que publica a menudo en editoriales de la extrema derecha y participa en sus actos, ha excitado a parte de la izquierda española, y ha generado acalorados debates en las redes y en varios artículos de opinión por sus posiciones antifeministas y anti-inmigración. Ambos critican lo que consideran un liberalismo moralmente de izquierdas y económicamente de derechas, que Dugin resumía en una frase: “Aborto, progresismo y Gran Capital”.

En España

En el apartado dedicado a España, el informe de HNH tan solo se refiere al autodenominado Movimiento Identitario de España, presente en las redes desde mayo de 2019. Aunque hasta ahora se desconocen las actividades de este nuevo grupo más allá de la colocación de varios carteles y pegatinas en Madrid, su página web ofrece algunas pistas que confirman su consonancia con las ideas del resto de grupos identitarios: “Abogamos por la protección y promoción de los pueblos aborígenes de Europa y sus múltiples culturas. Nos oponemos y denunciamos el gran reemplazo demográfico que estamos sufriendo, así como la islamización y aculturación de Europa”.
Sin embargo, este no es el único grupo identitario que existe en España. Ya en 2016 tres miembros de Generación Identitaria, una formación nacida en Cataluña, ofrecían una entrevista a Crónica Global: «Nuestra lucha tiene ahora dos prioridades: evitar la inmigración masiva y combatir el separatismo en Cataluña», además de desplegar el mismo argumentario xenófobo y los marcos apocalípticos de sus homólogos franceses.
Este grupúsculo también estuvo presente en las múltiples protestas contra el proceso independentista en 2017 y 2018, unas veces junto a otros grupúsculos de extrema derecha como Democracia Nacional y otras junto a Ciudadanos y otros colectivos. Por otra parte, el Moviment Identitari Català (MIC), según explican en un reportaje del digital Crític los periodistas Jordi Borràs y Laura Aznar, empezó a dejarse ver ya en 2015, adaptando al nacionalismo catalán las ideas anti-inmigración, islamófobas y chovinistas del resto de grupos identitarios europeos. Sus apariciones públicas no han sido precisamente cómodas: el 11 de septiembre de 2018, una barrera humana les impidió el paso en la ofrenda floral a Rafael Casanova, uno de los actos tradicionales de la Diada.
Mientras que la versión españolista de Generación Identitaria está hoy inactiva, el MIC trata de hacerse hueco tímidamente en el independentismo, consciente de ser totalmente minoritario y estar constantemente vigilado por el antifascismo catalán. Diez años atrás, varios proyectos que ya utilizaban esta retórica empezaron a trabajar en ciudades como Barcelona, Madrid o Castellón de la Plana. El Casal Tramuntana, Proyecto Impulso y más recientemente Hogar Social Madrid y sus satélites fueron los primeros en importar el modelo de los fascistas del tercer milenio italianos del colectivo Casa Pound. Este proyecto empezó en Roma en 2008, tras varios años de ocupaciones de inmuebles abandonados para cobijar a familias italianas sin recursos. Así se convirtió en lugar de peregrinaje y en laboratorio del movimiento identitario, con una retórica y una imagen que, a pesar de no renunciar a llamarse fascistas, marcarían una nueva era en los movimientos sociales de extrema derecha.
En sus redes circulaban fotos de sus líderes con niños negros y asiáticos en brazos en aldeas de Kenia y de Birmania, a donde supuestamente habían viajado para llevar ayuda humanitaria; carteles de sus charlas en honor al Che Guevara o pegatinas con el lema “0% Racismo, 100% identidad”. Esta apropiación del imaginario (y el activismo en el caso de las ocupaciones) de la izquierda no es nueva en la extrema derecha. Desde la retórica de clase supuestamente anticapitalista (pero siempre nacionalista) del nazismo y el fascismo del período de entreguerras, hasta las más recientes consignas contra las élites o la globalización que esgrimen también las diversas extremas derechas occidentales.
Más allá de las redes sociales de los propios grupos identitarios y sus afines, existen decenas de foros, canales privados de Telegram y grupos de Facebook que comparten sus materiales, muy a menudo distribuidos sin firma en distintos foros y numerosas páginas de desinformación. 8Chan es uno de los foros sin moderación donde se concentra gran parte de la subcultura ultraderechista, bien adobada de teorías conspiratorias y llamadas a la violencia. Fue allí donde colgaron sus manifiestos los terroristas de San Diego, El Paso y Christchurch este año. Echando un ojo a varias cuentas relacionadas con el universo identitario, encontramos, además, numerosas noticias de medios de comunicación convencionales perfectamente instalados en dicho marco.
Se trata de un relato inquietante sobre las ciudades europeas, asoladas por la delincuencia y la inseguridad, reforzado todo con vídeos de peleas y robos, de violencia extrema o de pobreza y suciedad. Sobre todo si sus protagonistas son personas migrantes. Estos últimos meses, la polémica por el exceso de este tipo de informaciones está latente mayormente en Cataluña, donde se han creado plataformas ciudadanas que patrullan las calles contra la delincuencia y que han sido instrumentalizadas por la ultraderecha, que ya ha anunciado una manifestación a finales de septiembre. El miedo y la ansiedad que producen estas noticias funcionan perfectamente como lubricante para reforzar el relato apocalíptico que los grupos neofascistas tratan de difundir sobre las sociedades occidentales. En sus discursos llaman a actuar “antes de que sea demasiado tarde”, y algunos ya han empezado a hacerlo. Solo en 2019, ya han sido asesinadas cerca de un centenar de personas en varios atentados terroristas con el sello identitario.  



Per no tornar a perdre

*Pròleg del llibre "Com combatre el feixisme i vèncer", de Clara Zetkin (1923). Editat en català per Tigre de Paper al setembre de 2019. Avançament publicat al setmanari Directa.




Resulta inevitable llegir els textos de Clara Zetkin quasi cent anys després i trobar-hi semblances amb el present. Salvant les distàncies amb aquell període a les portes d’una de les tragèdies més grans del segle xx a Europa, la clarividència de Zetkin sorprèn per diverses raons. Primer, perquè va realitzar una anàlisi molt encertada d’un fenomen llavors nou, encara incubant-se, del qual va veure l’amenaça que representava. Després, perquè no contemplà subordinar la lluita contra aquest fenomen a cap altre interès que no fora la lluita de classes, sense deixar de banda complicitats i aliances que creia imprescindibles per aturar el feixisme, un primer entrebanc a superar en la llarga lluita per una societat justa i igualitària a tots els nivells. Inquieta pensar que tant de temps després ens és ben útil rellegir les seues reflexions, però, com aleshores, potser una bona anàlisi no porta sempre associada una bona estratègia, sobretot perquè sovint qui pot implementar-la decideix no fer-ho, i pot optar, com així fou, per un altre camí que ens aboca a perdre.
No són pocs els llibres que s’han editat i reeditat els darrers anys sobre el fenomen feixista. Molts, revisant allò que fou i que tractà de ser després de la seua suposada derrota als anys quaranta. I d’altres, més nous, tractant de buscar semblances amb els actuals moviments ultranacionalistes, racistes i, per què no, diguem-ne neofeixistes, que guanyen eleccions, condicionen governs o assetgen els col·lectius vulnerables, els militants d’esquerres i la mateixa democràcia. Més enllà de la discussió sobre com anomenar aquests nous moviments d’extrema dreta i buscar-ne les semblances i diferències amb els passats, ens trobem davant un nou context geopolític, econòmic i social ben peculiar, amb grans incerteses i poques esperances de cara al futur, sobretot observant com els projectes d’esquerres han estat una vegada més sabotejats o s’han perdut en si mateixos amb discussions que han resultat estèrils o estratègies fallides incapaces d’aglutinar la classe treballadora. No és estrany, doncs, que hom busque semblances amb l’època que va viure Zetkin, el convuls període d’entreguerres, en què creixia a poc a poc un moviment reaccionari, amb el suport de les elits, però que acabà nodrint-se també de part del proletariat que l’esquerra no va saber o no va poder sumar.
La premonitòria alerta de Zetkin davant el feixisme i la seua clarividència per descriure com podria evolucionar i com s’hauria de combatre esdevenen cabdals avui dia també per aprendre del passat i no repetir-ne les mateixes errades. És necessari rellegir Zetkin i els seus contemporanis. És important conèixer els entrebancs que va trobar per portar a terme la seua teoria antifeixista, perquè malauradament, avui encara hi trobem una manca d’anàlisi i d’estratègia capaç d’aturar l’onada neofeixista que recorre de nou el món.
Zetkin esmentava sovint la necessitat de comptar amb tots els actors possibles, de crear un “front únic” contra el feixisme. Esmenta la necessitat de comptar amb els i les intel·lectuals, com amb molts altres sectors socials no estrictament de classe treballadora, per aturar el feixisme. Sabia ben bé que també s’enfrontava a una batalla cultural contra la dreta, que fou capaç de seduir amb proclames patriòtiques un bon gruix de classe treballadora i de la intel·lectualitat, a més d’una classe burgesa abocada llavors a la “proletarització”, temorosa de perdre els seus privilegis. Actualment aquesta batalla cultural continua, i la nova extrema dreta ha après molt més que nosaltres a lliurar-la. Ens coneix més que nosaltres a ella. Ha estudiat Gramsci i tota la intel·lectualitat marxista per saber com i on és dèbil. I de nou aquest temor de perdre privilegis, en un context com l’actual d’incertesa, de crisi econòmica i d’inseguretat, s’accentua d’una manera fins i tot obscena. Sobretot si ho relliguem amb Zetkin, una figura clau per entendre també el feminisme i a qui devem el 8 de març com a data simbòlica del moviment, així com altres passos endavant per a l’alliberament de la dona, des del socialisme que defensava i que hui sembla voler-se ocultar pels qui diuen voler buidar de política el feminisme, un insult a la memòria de Zetkin i de la resta de dones que donaren la vida contra tota opressió.
El victimisme dels privilegiats que clama contra el feminisme, contra les lluites d’alliberament de les nacions sense estat, contra els drets LGTBI, contra l’interculturalisme i les persones migrants, contra la descolonització (encara), és hereu del vell feixisme, de l’antisemitisme que farien servir els nazis a Alemanya (que avui repeteix la fórmula amb les persones musulmanes) i del nacionalisme ultracatòlic espanyol, entre d’altres. I aquí ens pensem que és ridícul i que caurà pel seu propi pes, ja que les seues pròpies contradiccions ni el sostenen ni el fan viable. Exactament igual va pensar Zetkin a finals dels anys vint, sense saber el que estava per vindre. Així i tot, Zetkin i els qui li donaven suport ja plantejaren una ferma oposició per tots els mitjans al creixent feixisme, per si erraven en la seua diagnosi autodestructiva. Des de plantejar un front comú fins a l’autodefensa. Des de contrarestar-ne la propaganda i coordinar-se internacionalment fins a plantar cara a les institucions fins a l’últim alè.
I és que la història ha demostrat que el feixisme sempre és cruel, oportunista i fins i tot líquid, capaç d’adaptar-se a diferents contextos, d’adoptar diferents retòriques i de disfressar-se inclús d’allò que per naturalesa mai serà. No és nova l’apel·lació a les classes populars, al combat contra les elits (de les quals, casualment, ells formen sempre part o en fan el paper), a la grandesa d’una nació i la subordinació de tot per aquesta per sobre dels interessos de classe, o a la necessitat de deixar caure els més dèbils, justificant-se en el seu darwinisme social. La xenofòbia actual, la greu crisi que pateix Europa amb els milers de morts que provoca amb les seues guerres i les seues fallides polítiques d’asil i migratòries, també als EUA, no són res de nou, sinó fruit d’anys de supremacisme, d’indolència cultural i institucional davant els problemes globals, dels quals defugim sempre responsabilitats i que no són més que la imatge de la decadència d’un sistema incapaç de donar solucions als problemes reals de la gran majoria, exactament igual que cent anys enrere.
Dol llegir les acusacions que va rebre Zetkin per part dels seus camarades, i pensar que encara avui l’esquerra continua immersa en lluites fratricides i sovint esgrimint les mateixes acusacions contra aquells que no combreguen amb determinades anàlisis i estratègies. I dol més encara pensar que Clara no va fracassar, sinó que no la van deixar fer. L’autocrítica ha de ser sempre una eina constructiva, i la història està plena d’exemples d’errades que es repeteixen i d’actituds tòxiques que les eternitzen i que no s’acaben mai d’exorcitzar dels moviments socials.
Per altra banda, cal reconèixer la tasca dels i les qui han fet durant dècades de l’antifeixisme l’eix vertebrador de totes les lluites, com a posició irrenunciable per combatre les desigualtats des d’una posició de classe, però sense descuidar els privilegis que han de ser qüestionats i enderrocats per caminar cap a una societat més justa. Cal reconèixer l’herència i la valentia dels qui mai renunciaren a definir-se com a antifeixistes malgrat els relats oficials que pretenien ridiculitzar-lo i reduir-lo a una tribu urbana. Malgrat les seues errades i les seues febleses, també, però que mai van deixar d’estar i de reivindicar amb orgull aquesta idea, amb tots els riscs que ha comportat sempre.
Avui, però, toca recuperar més que mai el significat i el llegat d’aquesta lluita. Llegir de nou els textos de Zetkin i de tantes i tants altres que ens advertien del que estava per vindre i proposaven com combatre-ho. Clara va entendre bé el que significava el feixisme, quan encara ni havia madurat. No el menystenia ni el ridiculitzava, per molt residual o anecdòtic que alguns el consideraren aleshores. Encara avui hi ha qui el subestima, fins i tot des de la posició contrària, ja no des de l’equidistància. I aquest és, sens dubte, el primer pas cap a la derrota.
Ni Zetkin ni nosaltres tenim la fórmula màgica per derrotar el monstre, però totes i tots tenim la determinació i l’obligació d’intentar-ho. Ja no només perquè és un tram irrenunciable del camí cap a altres conquestes, sinó per la nostra pròpia supervivència. La lectura d’aquest text ha de servir per refermar aquesta convicció, però també per revisar les estratègies i articular noves fórmules que estiguen a l’altura de les circumstàncies. Per no tornar a perdre.

dilluns, 16 de setembre del 2019

Entrevistes a Miguel Urbán i Oskar Matute al FAQS (TV3, 14/09/2019)

Fragments de les entrevistes realitzades a Miguel Urbán (Podemos) i a Oskar Matute (EH-Bildu) al programa Preguntes Freqüents de TV3 el dissabte 14 de setembre de 2019.


L'eurodiputat d'Unidas Podemos, Miguel Urbán, parla de la "lepenització dels esperits": com l'extrema dreta ha aconseguit que la resta de formacions compren els seus discursos i la seua agenda.


El diputat d'EH-Bildu, Oskar Matute, explica els relats que han tractat de vendre sobre el conflicte basc i la societat basca, i com es viu actualment en un nou escenari de pau i recoinciliació.

Podeu veure el programa sencer ací 



La reconversió de l’extrema dreta valenciana

Fa anys que el País Valencià va deixar de ser el vedat de caça de l'extrema dreta. Més enllà d'alguns actes aïllats i de la varietat de sigles noves, la seua presència als carrers ha disminuït considerablement. La inauguració d'un local d'extrema dreta al barri més multicultural de València torna els ultres a l'actualitat.


Miquel Ramos 
13/09/2019 - El Salto 

València encara fa olor a polvora. És finals de març de 2014 i el parc que hi ha davant el col·legi Miguel Hernández del barri d’Orriols està pres per la policia. Un grup de persones descarrega diverses caixes de menjar mentre altres onegen banderes d’Espanya. Poc a poc s’hi acosta gent. Alguns amb carrets de la compra. Altres curiosos després de dies escoltant als bars i comerços del barri que possiblement hi hauria bronca després de Falles. 
El partit d’extrema dreta España2000 havia anunciat el repartiment de 150 lots de menjar a famílies espanyoles sense recursos al barri obrer i més multicultural de la ciutat. Una desena de periodistes entrevisten el líder de la formació ultradretana, José Luís Roberto, i fan preguntes a alguns dels qui ja fan cua per adquirir un dels paquets. Tots porten el DNI a la mà, com demanen des d’un megàfon els organitzadors de l’esdeveniment. Per uns altaveus sona la banda sonora de la pel·lícula Braveheart.
Moltes de les persones que fan cua porten anys rebent caixes amb menjar i altres béns bàsics, però mai de l’extrema dreta. El Centre Cultural Islàmic, instal·lat des de l’any 2005 al barri, ho fa tres vegades a l’any. 20 tones de menjar cada vegada. No demanen documentació ni fan distincions d’origen, religió o coloro de pell. Tota persona que necessite ajut rep la seua caixa. Però mai hi ha cap càmera.
España2000 tenia llavors quatre regidors al País Valencià, i tractava d’emular amb aquesta estratègia els neonazis d’Alba Daurada a Grècia que portaven temps escenificant la solidaritat selectiva, la “preferència nacional” del seu ajut davant un estat què, segons ells, només ajuda els de fora. España2000 perdria tots els seus regidors al País Valencià l’any següent, el 2015, conservant només un a Silla però ampliant la representació a diverses localitats del corredor de l’Henares, a Madrid. Començava així la davallada d’aquest partit al País Valencià, el territori on havia nascut quinze anys abans i on s’havia erigit com a referent de l’extrema dreta dins la constel·lació ultra valenciana. 
Coincidint amb la fi del govern del PP a la Generalitat i als principals ajuntaments valencians, l’extrema dreta valenciana encetaria un període de replegament i quasi absència als carrers, sobretot a la ciutat de València, epicentre del moviment i camp de batalla històric i simbòlic. 
La violència ultradretana, que havia estat constant i impune des de la Transició, minvà considerablement. Les manifestacions i activitats que organitzaven diferents grupuscles cada cop eren més minoritàries i enfocades quasi en exclusiva contra el nou govern del Botànic i els ajuntaments progressistes, als qui acusaven de ser una extensió de l’independentisme català i del bolivarianisme. Col·lectius històrics i fins aleshores ben actius com el Grup d’Acció Valencianista (GAV) replegaren veles fins esdevenir una de tantes associacions negacionistes de la unitat de la llengua amb poca o nul·la presència al carrer.
Al sud del País Valencià, per contra, aterraria una nova marca dels moviments identitaris que, amb diferents noms i formes, començaven a estendre’s al llarg d’Europa com una taca d’oli. Mentre a Madrid es donava a conèixer Hogar Social, una còpia amb marca espanyola del projecte neofeixista italià Casa Pound, a Elda, Elx i a Múrcia arribava Lo Nuestro, un nou intent encapçalat per coneguts militants de l’extrema dreta local. La seua principal activitat, com la de la resta d’organitzacions semblants i com ja havia fet España2000, fou la recollida de menjar i béns bàsics a les portes dels supermercats per, teòricament, entregar-ho a families espanyoles. 
També organitzarien activitats esportives i campanyes xenòfobes, tot amb la retòrica i l’estètica dels nous moviments identitaris que començaven a fugir de la clàssica simbologia nazi i feixista. Ara, alguns membres d’aquesta organització encapçalen el projecte El Galeón a Elda, que segueix l’estela de la resta de moviments identitaris europeus.
També al sud, l’any 2014, diverses organitzacions nazi-feixistes tractaven de fer-se un lloc a la ciutat d’Alacant i a Elx. Nova Lucentum, Alfonso X i altres marques amb aspiracions d’esdevenir estatals, com Liga Joven o Acción Nacional Revolucionaria (ANR). La divisió històrica de l’extrema dreta també impediria consolidar un projecte unitari a tot l’estat, i fins ara, els identitaris i la resta d’hereus del nazi-feixisme sobreviuen en grupuscles fugaços i sovint enfrontats. Actualment, cap d’aquestes organitzacions està activa.
Més enllà dels moviments marginals, l’extrema dreta ha estat històricament ben acomodada al Partit Popular, i al País Valencià concretament, també al voltant d’altres partits espanyolistes i catalanòfobs. La crisi del partit hegemònic de la dreta, esquitxat per nombrosos casos de corrupció i acusat d’haver traït el secessionisme lingüístic, els diferents cabdills de l’extrema dreta valenciana encetarien una pugna per recollir els fruits de l’arbre caigut. Així, a les darreres eleccions municipals competirien diverses marques més o menys radicals de matriu anticatalanista, aconseguint uns tristos resultats que permeteren renovar el govern de coalició d’esquerres, tant al País Valencià com a la ciutat de València.
Ara bé, l’embranzida política i mediàtica de Vox instal·laria un nou actor que recolliria a la seua manera els discursos i els marcs de tota la constel·lació ultradretana i catalanòfoba valenciana. I és que gran part dels qui se sentien orfes de projecte i traïts pel PP i Cs, han acabat sumant-se a la formació d’Abascal, que ha sigut molt cautelós i prudent a l’hora de donar protagonisme als nouvinguts. 
La sobreexposició de Vox als mitjans després del mitin de Vistalegre de 2018 i l’entrada amb força al parlament andalús mesos després, seduirien els desorientats i oportunistes ultradretans valencians cansats de les traïcions del PP i dels consecutius projectes fracassats i de marcat caire personalista. És el cas de l‘advocat ex falangista i líder de diversos projectes catalanòfobs, Juan García Sentandreu, que es retirà de la vida pública després de fracassar amb el partit Coalición Valenciana (CV). Només havia aconseguit en 2007 poc més de 17.000 vots (un 0,72% del total) i la meitat dels vots quatre anys després.
Ara, amb l’arribada de Vox, Sentadreu hi va veure una nova oportunitat per obtenir representació, encara que fos a través d’altres sigles, després d’assumir que el seu projecte personal havia fracassat. Sentandreu faria una crida als seus acòlits per entrar en gruix a Vox i tractar de liderar la branca valenciana de la formació ultradretana. Una serie de missatges a les seues xarxes suggerien que seria ell qui encapçalaria la candidatura per València, tractant d’arrossegar així els seus seguidors a la seua pugna dins del partit per fer-se amb el lideratge. 
La formació, però, es va mantenir lleial a l’equip i els plans de qui hi era des del principi, José María Llanos, professor de Dret a la Universitat de València, envoltant de persones de confiança, i prescindint en primera línia de personatges tan significats i singulars com Sentandreu.
Vox aconseguiria un total de 48 regidors al País Valencià i 10 diputats a les Corts Valencianes a les darreres eleccions autonòmiques i municipals. Quatre mesos després, a principis de setembre, Llanos abandonaria la presidencia provincial de Vox recolzat per la direcció nacional, en una operació pensada per depurar els crítics i reprendre el control davant els recels amb els nous militants provinents de l’òrbita de Sentandreu i d’España2000, tal i com apuntaren diversos mitjans. 
El partit de Santiago Abascal no ha aportat res més que un altaveu a les reivindicacions i els relats espanyolistes, xenòfobs i antifeministes habituals de l’extrema dreta. Fins ara, les xarxes socials havien estat el refugi i l’altaveu de la majoria de l’extrema dreta valenciana, que sobrevivia en grups de Facebook farcits de fake news i memes grotescs.
Amb el referèndum per la independència celebrat l’any 2017 a Catalunya, l’anticatalanisme valencià protagonitzaria la que fóra una de les fites més violentes i mediàtiques de les darreres dècades: l’assalt a la manifestació valencianista del 9 d’Octubre, una setmana després del referèndum. Convocats per xarxes socials, centenars d’ultres ocuparen la plaça una hora abans de la convocatòria aprofitant la inèdita absència policial i atacant física i verbalment els valencianistes que s’hi acostaven. 
Les imatges de les agressions i els insults van ser emeses en directe per La Sextai per diversos periodistes presents, víctimes també de l’ira dels ultradretans. La marxa va acabar modificant el seu recorregut envoltada de policies antiavalots i d’ultres excitats que es creien impunes. Actualment, hi ha més d’una vintena de persones investigades per agressions i altres delictes en una causa encara en instrucció. 
L’any següent, l’antifeixisme valencià va respondre convocant vora 12.000 persones a la mateixa manifestació. Vingudes de tot el País Valencià, organitzades en columnes que arribaven coordinades i amb un servei d’ordre propi. Llavors, els ultres que van voler repetir els incidents acabaren enfrontant-se a la policia, atacant de nou als periodistes i mirant l’enorme manifestació des de les voreres, amb cares llargues d’impotència. 
La implicació de nombrosos ultres del València CF als fets del 9 d’Octubre de 2017 i altres incidents que incomodaven la resta d’aficionats i al mateix club, motivaren aquest per decidir fer fora alguns dels líders de la Curva Nord. I aquest estiu, el club va decidir finalment desfer aquesta grada d’animació on s’havia refugiat la majoria d’ultres provinents dels històrics Yomus, dissolts fa pocs anys per camuflar-se-se a la Curva.
L’extrema dreta valenciana es troba actualment en procés de reconversió, sobretot aquella que queda al marge de Vox. España2000, que havia bramat contra la formació d’Abascal, apareixeria puntualment als mitjans amb accions com l’assetjament al domicili de la vicepresidenta Mònica Oltra, però es voria eclipsada totalment per Vox a les darreres eleccions, perdent tots els seus regidors al País Valencià. La resta de formacions ultres no aconseguirien pràcticament vots, i romanen encara dividides i enfrontades per ocupar, sobretot, un espai que el partit d’Abascal no representa: la tradicional ultradreta catalanòfoba i regionalista valenciana. Tot i fer mèrits des del PP i Cs per tornar a seduïr aquest electorat, la competència de Vox sembla difícil de vèncer. També ho és pels regionalistes, molts dels quals han optat per abandonar la pàtina valenciana i sumar-se al projecte centralista de Vox. 

La ultradreta inaugurarà el dissabte 14 de setembre un local a Orriols

El barri d’Orriols va rebre fa uns dies altra visita inesperada. La portaveu del grup popular a l’Ajuntament de València, María José Català, penjà a les seues xarxes un vídeo gravat al mateix barri, en què alertava de l’increment de la inseguretat i dels delictes a la ciutat i sol·licitava reunir-se urgentment amb el Delegat del Govern. Després d’un allau informatiu sobre la suposada inseguretat que regna a Barcelona, el PP tractaria d’estendre el mateix relat a València, i casualment, triant el barri més multicultural de la ciutat.
Una setmana després de la visita de la portaveu del PP, els veïns comenten inquiets els rumors que de nou corren pel barri. La visita de Maria José català passaria desapercebuda en una zona on la sensació d’inseguretat es percep per altres qüestions. “Tornen els nazis”, diu una jove filla de migrants que parla perfectament valencià. Els col·lectius del barri han convocat pel dissabte 14 de setembre una concentració pacífica contra el racisme, a les portes del què serà el Casal Romeu, el nou local de l’organització identitària Valentia Forum, creada en 2017 i que inagurarà la seua seu el mateix dia. La seu de l’ONG València Acull està al mateix carrer, a pocs números del nou casal ultra. I ben aprop també el Centre Cultural Islàmic, que continua repartint tones de menjar com ve fent des de fa més de 10 anys a totes les persones que ho necessiten. Al barri també treballa Orriols En Bloc, que fa pocs dies aturà per cinquena vegada el desnonament d’una família del barri amb tres fills.
“Al nostre barri, tot i els problemes que tenim, com la falta d'accés a l'habitatge, una de les taxes més elevades d'atur de la ciutat, un alt índex d'exclusió social i l'abandonament administratiu dels diferents governs que han estat al capdavant de l'ajuntament, comptem amb una experiència de convivència intercultural molt arrelada que permet viure relacions i sentiments d'identitat, entre múltiples i variades nacionalitats i valors culturals», expliquen els convocants de la protesta antiracista en un comunicat. 
L'aterratge d'un nou grup d'extrema dreta al barri podria simbolitzar l'inici d'una nova batalla. Els veïns no només hauran de conviure amb els ultres, també amb les campanyes d'alguns polítics que han escollit Orriols com a camp de proves per incendiar la seua falla de la por i de la inseguretat. Avui però, el barri està més unit i més actiu que mai. I els carrers massa mullats com perquè prenga un foc que ja van aconseguir apagar cinc anys enrere.

Ocho años de la matanza de Utoya: la evolución del terrorismo neonazi

"Para diversos analistas, las acciones armadas de los grupos de extrema derecha plantean una amenaza ya superior para la seguridad de Europa y EEUU que la del terrorismo yihadista".




23 julio 2019 - LA MAREA

Ayer se cumplieron ocho años de la matanza de Utoya, la cacería de adolescentes perpetrada por el ultraderechista noruego Anders Breivik que se cobró la vida de 69 jóvenes en un campamento de verano del partido laborista noruego. El terrorista había asesinado horas antes a ocho personas en un atentado con explosivos en Oslo, y mientras las fuerzas de seguridad se centraban en este hecho, aprovechó para cometer la masacre en la isla, disfrazado de policía y fuertemente armado. El pasado viernes se estrenó el segundo filme sobre ello, Utoya 22 de julio, de Erik Poppe, que relata lo sucedido a través de los ojos de una de las supervivientes. Dos años atrás, Paul Greengrass lo retrató en otro a través de la mirada del asesino. 
Desde entonces, las acciones armadas de los grupos de extrema derecha se han incrementado notablemente, y plantean una amenaza considerada por diversos analistas ya superior para la seguridad de Europa y Estados Unidos mayor que la del terrorismo yihadista. 
Casos recientes de ataques terroristas ultraderechistas como el atentado de Christchurch (Nueva Zelanda), que acabó con la vida de 51 personas en una mezquita, en Pittsburgh (Estados Unidos) –11 muertos en un ataque a una sinagoga– o el de Charlestone (Estados Unidos) contra una iglesia afroamericana, que dejó 9 muertos, invitan al debate sobre la idea de terrorismo que existe en Occidente. La Liga Antidifamación (ADL) y el FBI coinciden en apuntar a la creciente amenaza del terrorismo ultraderechista en los Estados Unidos basándose en los datos: el 70% de las víctimas de ataques terroristas en EEUU han sido por los atentados de la extrema derecha. Y reconocen que han menospreciado esta amenaza durante años. 
«Cuando las medidas para prevenir y contrarrestar el extremismo violento y la radicalización que conducen al terrorismo se basan en perfiles vagos y se centran en los supuestos de que ciertos grupos étnicos o religiosos son particularmente propensos a la radicalización terrorista, se refuerzan los estereotipos y pueden conducir a la discriminación contra varios colectivos, pero bien puede no abordar la fuente más urgente de amenazas terroristas», explica a La Marea Katya Andrusz, portavoz de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). «Entonces, si las estrategias para prevenir el extremismo violento solo se centran en el terrorismo en nombre de la religión, por ejemplo, es posible que no aborden los riesgos reales a los que nos enfrentamos actualmente desde otras direcciones, como el extremismo violento de extrema derecha”, añade.
Hace una semana, la Policía italiana detuvo en Turín a tres activistas neonazis que poseían un arsenal de armas, incluido un misil del Ejército de Qatar. Fue la segunda operación policial contra grupos neonazis en pocos días en el norte de Italia, tras la incautación de otro arsenal al líder de Legio Subalpina, relacionado con ultras de la Juventus. 
Ambos casos recientes no son ninguna anécdota. Este mismo año, la Policía alemana desarticulaba Revolution Chemnitz, que ya tenía una lista de objetivos para abatir y que preparaba varios atentados, algunos de los cuales pretendían disfrazarlos como obra de la izquierda radical. Al mismo tiempo, el asesinato del político conservador Walter Lübcke, favorable a la acogida de personas refugiadas, volvía a poner sobre la mesa la amenaza del terrorismo neonazi en un país que todavía tiene muchas preguntas sobre el recién juzgado NSU, el grupo terrorista neonazi que asesinó a una decena de personas y que, a pesar de estar investigado por los servicios secretos durante 14 años, no se les tuvo en cuenta nunca en relación con estos ataques.
Una concentración de neonazis por las calles de Berlín.
Mientras la extrema derecha obtiene cada vez mejores resultados electorales en Europa y más allá y sus discursos de odio están cada vez más presentes en la vida política, en las redes sociales y en la mayoría de medios de comunicación, la proliferación de acciones violentas con el sello neofascista se ha incrementado. Muchos analistas llevan años advirtiendo sobre la creciente amenaza del terrorismo de extrema derecha en Occidente, aunque en pocas ocasiones son considerados ni como terroristas ni como una amenaza real. De hecho, a menudo se les atribuyen problemas de adaptación o enfermedades mentales, algo que no se esgrime cuando el terrorista es un yihadista. 
Uno de los argumentos habituales de la extrema derecha contra las personas migrantes y refugiadas es la sospecha de que entre este colectivo puede haber terroristas. La relación entre inmigración y terrorismo existe, pero no de la manera en la que la presenta la ultraderecha. El doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de Columbia, Richard J. McAlexander, publicó el pasado mayo un estudio donde explicaba esta relación: a más inmigración, más terrorismo. Pero de ultraderecha: “De 2008 a 2015, según la Global Terrorism Database (base de datos mundial sobre terrorismo), hubo 86 ataques terroristas en Alemania. Al profundizar en cada uno de estos ataques, encuentro que 60 de ellos podrían describirse razonablemente como terrorismo de derecha. Es más probable que estos ataques estén presentes en áreas donde una mayor proporción de la población es nacida en el extranjero. Muchos de estos ataques fueron dirigidos contra inmigrantes o contra viviendas públicas dedicadas a solicitantes de asilo. El asesinato de Lübcke está en consonancia con este amplio patrón”.
El asesinato de la diputada laborista británica destacada por su defensa de las personas migrantes, Jo Cox, en 2016 a manos de un ultraderechista llevó a las autoridades a ilegalizar con la ley antiterrorista al neonazi National Action, que celebró el crimen en sus redes sociales. Un año antes, un miembro de este grupo atacó con un machete a un ciudadano de piel oscura y de religión sij en un supermercado, siendo condenado por intento de asesinato. Meses después, otro miembro sería arrestado por fabricar explosivos. Después de la ilegalización de National Action, las autoridades detectaron e ilegalizaron también otras dos organizaciones neonazis que seguían los mismos pasos: Scotish Dawn y NS131. Tanto en el Reino Unido como en Alemania, no hay ninguna duda a la hora de juzgar con la ley antiterrorista a estos grupos. 

El terrorismo neonazi en España desde la Transición

En España, sin embargo, pese a haberse detenido a diversos activistas de extrema derecha fuertemente armados o haberse desarticulado varios grupos que poseían armas, nunca se les ha aplicado la ley antiterrorista. Este mismo año, la Guardia Civil detuvo a un hombre de 44 años en la localidad valenciana de Alfarrasí por llamar en sus redes sociales a atacar a personas musulmanas y migrantes. Los agentes descubrieron en su casa más de 100 armas y abundante munición. Pocos meses antes, los Mossos d’Esquadra detenían en Terrassa a un ultraderechista de 63 años tras descubrir que pretendía asesinar al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Este “lobo solitario” poseía un fusil de asalto Cetmecuatro rifles de alta precisión, un subfusil de asalto tipo Skorpion, y otras 16 armas de fuego. La fiscalía de la Audiencia Nacional rechazó reclamar ambas investigaciones y tratar estos casos como terrorismo. 
No era la primera vez que en España se arrestaba a uno o varios militantes ultraderechistas con armas. Ni tampoco la única que se libra de la etiqueta de terrorista. El caso más sonado fue la Operación Panzer, dirigida por la Guardia Civil en 2005, que permitió desarticular el Frente Antisistema (FAS) en València, y que se saldó con la detención de más de una veintena de activistas neonazis, entre los que se encontraban tres militares, un concejal de España2000, un aspirante a Guardia Civil y el asesino confeso de Guillem Agulló, un joven antifascista de 18 años asesinado en 1993. Tras meses de escuchas y monitorización de sus actividades y páginas web, la Guardia Civil detectó que el grupo se dedicaba a la venta de armas y a organizar cacerías contra migrantes y antifascistas, según publicaron en su nota de prensa. Las detenciones se precipitaron tras percatarse de que había filtraciones por parte de agentes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado que alertaron a los neonazis de que estaban siendo vigilados, y por el temor a que perpetraran alguna acción violenta. 
El juicio tardó diez años en celebrarse, y empezó ya con mal pie. La Guardia Civil había destruido “por error” parte del arsenal incautado, que era prueba en el proceso. Finalmente, la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia decidió absolver a los neonazis al considerar que las escuchas telefónicas no estaban suficientemente motivadas, a pesar de haber sido avaladas por la jueza instructora del caso, declarando «la nulidad de todos los elementos de prueba derivados directa o indirectamente de ellas, viciadas de inconstitucionalidad». Desestimó también las pruebas que demostraban la venta de armas prohibidas en Internet: «Son muchas las páginas webs que venden armas prohibidas, que en Internet se ofrezcan puños americanos, porras, porras eléctricas, navajas automáticas, navajas de mariposa, espray de defensa personal y grilletes, es algo sabido. No se puede afirmar la existencia de delito en lo que es práctica o realidad absoluta en la red». El mismo juez ya había absuelto a los supuestos miembros de otra banda neonazi en Valencia en 2005, la Hermandad Nacional Socialista Armagedón, acusados del incendio de varias sedes de partidos políticos. 
La absolución fue ratificada por el Tribunal Supremo tras el recurso de la Fiscalía y de la acusación popular, formada por organizaciones y partidos de izquierdas, a las que se les impuso la condena en costas, que sumaba más de 40.000€. Además, el Estado tuvo que indemnizar a uno de los neonazis por haber destruido sus armas.
En 2015, la Audiencia Nacional condenaría a los miembros del grupo fascista Falange Y Tradición a entre un año y medio y dos años de prisión por destruir varios símbolos antifranquistas y amenazar de muerte a varios cargos públicos, pero los absolvió de asociación ilícita y de terrorismo, a pesar de los numerosos indicios de las intenciones de armarse, reflejados en la investigación. Entre los acusados había un militar. El ponente de la sentencia fue el actual ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska. El principal acusado, José Ignacio Irusta, sería detenido de nuevo en 2018 por varios delitos de odio en las redes y por tenencia ilícita de armas, encontrándose en posesión de varios fusiles y una pistola. 
Los grupos de extrema derecha no han cometido ningún gran atentado recientemente en España que haya sacudido la opinión pública. Sí que han asesinado a diversas personas por su ideología, por su color de piel, por su confesión religiosa o por su orientación sexual, como se registra y documenta en la web crimenesdeodio.info, y sí que han realizado atentados con explosivos en numerosas ocasiones, pero nunca se ha hablado de terrorismo neonazi o ultraderechista desde la Transición. La amenaza, no obstante, existe, más allá de agresiones a colectivos de migrantes, LGTBI o a militantes antifascistas.

dijous, 27 de juny del 2019

Presentació del II Informe Sense Tòpics sobre el tractament mediàtic de les migracions i l'asil durant les campanyes electorals de 2019






El passat 13 de juny vam presentar elsegon informe de l'Observatori Sense Tòpics, un projecte de la Comissió d'Ajuda al Refugiat (CEAR-PV) i la Unió de Periodistes Valencians sobre el tractament mediàtic de les migracions i l'asil. Aquesta segon informe analitza la informació durant les darreres campanyes electorals, especialment als mitjans de comunicació valencians, però amb una mirada ampla als mitjans d'àmbit estatal. 

Podeu descarregar-lo ACÍ


Medios de comunicación y elecciones: El reto de no convertirse en un altavoz del discurso xenófobo

Laura Julián, Eldiario.es 14/06/2019



Los medios de comunicación pueden convertirse (incluso sin saberlo) en altavoces del discurso xenófobo y racista más evidente. “El miedo que teníamos era que algunos partidos políticos utilizaran mensajes xenófobos para atraer al votante”, explica el coordinador de CEAR-País Valencià, Jaume Durà. Con la intención de hacer frente a ese relato, el observatorio de medios de comunicación Sense Tòpics ha analizado durante el periodo electoral reciente cómo la prensa encaja la irrupción de la extrema derecha y cuál ha sido el tratamiento informativo de la migración y el asilo.
El informe ‘Migració i asil a les campanyes electorals’ (disponible online) incide en cómo a partir de la entrada de Vox en el Parlamento Andaluz se puso el foco mediático sobre sus líderes y sus propuestas “condicionando en gran medida los discursos y los debates del resto de partidos”. Es por ello que el estudio analiza noticias de diferentes medios estatales y valencianos desde diciembre de 2018, además de durante las cuatro citas electorales (municipales, autonómicas, generales y europeas).


Noa de la Torre, presidenta de la Unió de Periodistes Valencians, ha destacado durante la presentación del informe que han sido “unas campañas particulares” en las que “se ha normalizado el discurso xenófobo”. La periodista diferencia entre aquellos medios que sirven de “altavoz”  reproduciendo declaraciones de los partidos políticos y los que han sabido “ser críticos”, desmontando bulos y contextualizando: “En el tema del tratamiento de la violencia de género, si un político dice un número de denuncias falsas ponemos el foco en decir que es incorrecta”.
El análisis, elaborado por el periodista valenciano especializado en extrema derecha, Miquel Ramos, puede servir como documento de ayuda o de guía para estudiantes de periodismo,  profesionales de la comunicación preocupados por el auge de la xenofobia, así como para aquellos lectores que quieran conocer cómo los medios “traducen” los mensajes políticos. También contiene ejemplos de buenas prácticas y recomendaciones.
“Ha existido una sobrexposición de la extrema derecha, desde Andalucía el foco mediático es espectacular y han conseguido estar de forma intensa incluso cuando han atacado a la prensa”, explica Miquel Ramos. También apuntan que no ha existido “una gran avalancha” de fake news en redes sociales debido a “un contraataque”, tanto de los propios medios de comunicación como de grupos que desmienten bulos en Internet.
Entre las principales conclusiones de la investigación figuran que se continúa vinculando la migración y el asilo con la delincuencia y la inseguridad ciudadana, se trata la migración en términos utilitaristas, se da voz a declaraciones xenófobas de políticos, además de notarse una ausencia de opinión de las personas migrantes y la carencia de temáticas alejadas de polémicas. “Curiosamente han sido más protagonistas las personas migrantes que apoyan a la extrema derecha, cuando son una mínima parte, que los que se posicionan con los derechos humanos”, apunta Miquel Ramos.
Destacan también que “las noticias donde más se ha detectado la estigmatización y criminalización de las personas migrantes han sido principalmente las referidas a los Menores No Acompañados (MENAs), los manteros y la población musulmana”, ya que continúan asociándose con sucesos y hechos delictivos provocando el crecimiento de la aporofobia y de la islamofobia.
El informe añade que el discurso sobre migraciones y asilo “no ha tenido un papel determinante en las campañas”, pero “sí ha tenido una presencia permanente transversal y de diferente intensidad”. Según señala Ramos, en las campañas europeas partidos como C’s, PP y Vox le dan “más importancia y radicalizan más el discurso”.

Vox y PP no recogen las propuestas de CEAR

CEAR-PV también ha presentado un segundo informe, elaborado por Marta Pérez Ramírez, en el que se han comparado las propuestas en materia de migraciones y asilo de los programas electorales de los partidos. Técnicos de CEAR-PV se reunieron antes de las elecciones con algunos partidos políticos para comunicar cuáles son las necesidades más inmediatas. Ahora han analizado si esas propuestas finalmente han sido incorporadas en los programas electorales (autonómicos, generales y europeas).
La técnica de CEAR-PV ha señalado en primer lugar la dificultad para acceder a todos los programas: “Algunos sólo están publicados en medios de comunicación”. Entre las conclusiones destaca que en los programas electorales partidos de extrema derecha incluso incluyen “medidas que son contrarias a la legislación”. Añade que ni PP ni Vox han incluido ninguna recomendación de CEAR en sus programas para las elecciones europeas.
De la investigación se desprende la división de dos enfoques: uno centrado en el utilitarismo y otro en consonancia con los derechos humanos. Y una tercera “posición ambigua” donde sitúan al PSOE. “Mientras Josep Borrell describe a la inmigración como ‘ese gran problema’, en el programa electoral se habla de ‘reto’”, señala como ejemplo Marta Pérez.
Los dos informes disponibles en la web Sense Tòpics son la continuación del proyecto ‘Alça la veu contra el racisme i la xenofobia” llevado a cabo por CEAR-PV y la Unió de Periodistes Valencians, un vínculo que ya suma tres proyectos para sensibilizar a profesionales del mundo de la comunicación sobre la responsabilidad social del periodismo.